CEPE de Argentina - UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA LOCURA - Escuela de Parapsicología

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA LOCURA

La locura en la Edad Media

Boscopiedra
“Extracción de la piedra de la locura”. El Bosco o de un seguidor del maestro. 1475-1480
La locura en el renacimiento
En 1567 Bernardino Álvarez, soldado retirado, inaugura el primer centro de estas características de América, en México. También por Europa se extiende esta política de confinamiento: en Inglaterra Enrique VIII inaugura el primer hospital para locos, el Bethlem Royal Hospital.

La locura en la Edad Moderna

La época de la ilustración

El siglo XIX

Francisco_Goya_-_Casa_de_locos
“Casa de locos” de Francisco Goya 1812-1819
El siglo XX

Nazi Party poster showing how disabled people cost money and promoting eugenics and euthanasia of the disabled - the T4 program
“60.000 RM es lo que esta persona que sufre de defectos hereditarios cuesta a la comunidad alemana durante toda su vida. Ciudadano ese también es su dinero”
La antipsiquiatria

El DSM (Diagnostic and Stadistical Manual of Mental Disorders)

La industria farmacéutica

Estigmatización

  • El 63% reconocían sufrir violencia física y verbal por parte de su pareja y de estos un 15% habían recibido violencia grave.
  • El 46% referían haber sufrido violencia física o verbal por  parte de algún familiar, y casi el 30% violencia grave.
  • El 8% de las personas con enfermedad mental había sufrido violencia criminal frente al 3% que sufre la población general.
  • Frente a estos datos, se encuentra la tasa de violencia producida por personas con enfermedad mental que se sitúa en torno al 3%.

Desde las expulsiones en barcos hasta los modernos institutos de rehabilitación, la locura ha sido ocultada o reivindicada, se ha instalado en el poder o ha sido perseguida por este, ha servido para cometer crímenes y atrocidades o para dar lugar a las mejores creaciones artísticas del hombre

Cuando las últimas llamas dejan de arder, la música también cesa. Nerón ha terminado su concierto de lira y contempla el paisaje de Roma incendiada. Pero el hecho de que el emperador mandase a incendiar su ciudad es apenas un signo de locura. Hace envenenar a Británico, a su madre y al amante de su madre; destierra a su esposa Octavia y luego manda a matarla para casarse con Popea. Entre sus víctimas figuran también personas notorias como Petronio, Séneca, Lucano y Corbulon

Nerón se asumía como el dueño de la vida y de la muerte y decía que mataba "por un deseo de belleza". Antes de morir es presa de delirios alucinatorios: confiesa que lo persigue el fantasma de su madre y que "las Furias agitan delante de mí látigos vengadores".La historia del emperador romano es una clara muestra de que la locura no hace distinciones y que puede atacar al mendigo más marginado de la sociedad como al máximo administrador del poder en el imperio más poderoso del mundo antiguo. Claro que las consecuencias pueden ser distintas en uno y otro

¿Cómo fue evolucionando esta enfermedad? ¿Cuáles fueron los mecanismos para superarla? ¿Qué personajes de la historia la padecieron y cómo afectaron a sus contemporáneos? Conocer la locura desde que era un mal inexplicable hasta la actualidad es el propósito de este repaso a través de su historia

EXPULSADO O ENCERRAD

Antes de que se consagraran los recintos para contenerlos, los locos tenían una existencia errante. Expulsados de las ciudades, se los dejaba recorrer los campos apartados

Era también muy frecuente que fueran confiados a barqueros: en Frankfurt, en 1399, se encargó a unos marineros que libraran la ciudad de un loco que se paseaba desnudo

Para la misma época, en centros urbanos como Nüremberg, se reúne a los locos de la ciudad y a otros remitidos de lugares aledaños y son alojados y mantenidos por el presupuesto de la ciudad. Pero no son tratados: son simplemente arrojados a las prisiones.

Otras ciudades, en cambio, preferían expulsar a los dementes con ceremonias rituales: en ocasiones, los insanos eran azotados públicamente, y como una especie de juego, los pobladores los perseguían simulando una carrera, y los expulsaban de la ciudad golpeándolos con varas.

En la Edad Media enfermedades como la epilepsia son explicadas como posesiones diabólicas. Los especialistas de la época consideran a los "posesos" como enfermos totales, infectados mental y físicamente por Satanás y subrayan el hecho de que la expulsión del diablo se acompaña de "desechos de humores viciados, sangrientos o purulentos, acompañados de exhalaciones pestilenciales". 

¿La solución? La tortura, la reclusión en calabozos y los exorcismos para sacarles los demonios. Si todo esto fracasaba quedaba el último recurso: la hoguera. Con la creación en 1656 del Hospital General de París los locos comienzan a encerrarse como regla. El Hospital se proponía tratar de impedir "la mendicidad y la ociosidad, como fuente de todos los desordenes" y aunque no mejora el tratamiento, la locura comienza a percibirse como un problema y una en enfermedad.

A comienzos del siglo XVIII aparecen las primeras "fórmulas" para curar la insania. En el libro Manifestación de cien secretos, del Dr. Juan Curvo Cemmedo, publicado en Madrid en 1736, se daba una receta infalible para terminar con la enfermedad mental: mandad cocer una cabeza de carnero con su lana en cuatros azumbres de agua, hasta que quede en tres cuartillos, y este cocimiento colado mojaréis dos taleguillos de lienzo ralo, se rellenarán de hojas de malva, violetas, cabezas de adormidera y rosas rubias: póngase alternativamente dichos taleguillos empapados en este cocimiento caliente, experimentaréis grande provecho. No hay documento que demuestre que esta receta hubiera curado algún loco, pero se sabe que el tratamiento era seguido por algunos médicos de la época.Recién en 1794, se empezó un tratamiento humano de estos enfermos, con Phillippe Pinel, director del asilo de alienados de la Salpetriere de París. Frente a los métodos de violencia empleados anteriormente, se introdujo el uso de medicamentos y otras formas clínicas de curación. En Alemania, se concibió el hospital mental como una casa de campo, muy semejante a las empresas agrícolas. Con el nuevo siglo, los establecimientos que alojaban a los enfermos con problemas mentales tendrían una evolución que iría de la mano de los avances en la medicina, hasta llegar al modelo actual de institutos neuropsiquiátricos.

LA LOCURA REAL

Gaspar Balaus, orador, poeta y médico del siglo XVII, cayó en tal debilidad mental, que creía que su cuerpo era de manteca y no quería aproximarse al fuego, por medio a derretirse. Un día de mucho calor, temiendo por su consistencia, se arrojó de cabeza a un pozo y murió ahogado.

Pero este, como tantos otros casos que nos mueven a la sonrisa o a la piedad, pueblan la historia. El problema es cuando la locura se instala en el poder y un pueblo queda a merced de la decisión alucinada de una persona.

El caso extremo son las monarquías, donde el soberano es quien detenta el poder supremo. Y hay varios casos en la historia que dan cuenta de reyes alucinados.

Felipe V, primer rey de la Casa de Borbón, también padecía de problemas mentales. Los médicos reales dictaminaban que sufría "frenesí, melancolía morbo, manía y melancolía hipocondríaca". Se negaba obstinadamente a dejarse afeitar, cortar los cabellos y las uñas y no cambió de ropa, al menos, durante un año. Sus cabellos sobresalían de su peluca, que no se quedaba nunca. Decía que le había cortado los brazos y las piernas, pero también se creía muerto, y preguntaba por qué no se lo había enterrado. Y cuando no se creía muerto aseguraba que lo habían envenenado o que era una rana. En esos momentos soltaba unos alaridos horrorosos que de noche despertaban a todo el palacio.

Jorge III de Inglatera enloqueció, recobró la razón y la volvió a perder hasta su muerte. Cuando el primer ministro presentó a su aprobación el discurso de la corona, que debía pronunciar en la apertura del parlamento, el rey Jorge lo leyó atentamente e inquirió: -¿y por qué no se hablan de mis cisnes?

El ministro quedó asombrado, pero viendo que el rey insistía con la mayor seriedad en que debían incluirse los cisnes en su discurso, empezó un párrafo diciendo: así como los cisnes se deslizan suavemente por el agua, así el reino...

Los honorables miembros del parlamento creyeron que la imagen estaba un poco traída de los pelos; pero a la semana siguiente se enteraron que Su Majestad "no estaba en sus cabales".

Pero no fueron los únicos reyes que no estaba en su sano juicio: también falleció loco Gustavo IV de Suecia; Jerjes, rey de Persia mandaba a atrapar y azotar al mar rugiente; el padre de Federico el Grande padeció verdaderos ataques de enajenación; Maximiliano de Austria, suegro de Juana la Loca, sucumbió de un atracón de melones, era excéntrico y llevaba su propio ataúd a todas partes y Federico I tenía alucinaciones y murió de miedo por haber visto un fantasma.

LAS PATOGRAFIAS

A mediados del siglo XVIII se pusieron en boga las patografías, o estudios biográficos de ciertas personalidades históricas psíquicamente anormales, a fin de determinar posibles relaciones entre el genio y la locura. Así, entre los histéricos aparece Isabel de Inglatera, Lord Byron o Voltaire; Sócrates, Leonardo da Vinci, Goethe o El Greco son catalogados como psicópatas; como paranoicos aparecen seres tan disímiles como Rousseau, Buda o Beethoven, en tanto que Calígula o Robespierre son tildados de paranoides y mientras León Tolstoies diagnosticado "ciclofrénico", Blas Pascal, Isaac Newton o Vincent Van Gogh aparecen como esquizofrénicos.El estudio patográfico se basa en anotaciones biográficas, correspondencia y documentos de la época para elaborar sus diagnósticos. De este modo, se pudo descubrir que la última etapa de la vida de Martín Lutero (1483-1546), tenía profundas fases depresivas en las que creía tener luchas con el demonio. Gracias a estos análisis de documentación, se pueden diagnosticar, por ejemplo, que Camille Flaubert (1821-1880) padecía de "neurosis complicada con crisis convulsivas psicógenas" o que Abraham Lincoln (1809-1852) era un hombre amargado por depresiones periódicas.Distinto parece ser el caso Goethe (1749-1852), en el que los especialistas no parecen ponerse de acuerdo. Estudiada su patografía por varios psiquiatras, se establecieron entre otros, los siguientes diagnósticos: "psicopatía y fases maniacodepresivas endógenas leves" (Moebius, 1898); "estados submaníacos" (Sanger, 1899); "fijación libidinosa a la madre y a la hermana" (Bank); "envidia a los hermanos más jóvenes" (Freud, 1917); "psicopatía depresiva grave" (Jacovi, 1922); "ligera ciclofrenía" (Lange, 1922). Los resultados sirven, además, para hacer un seguimiento de los distintos conceptos de locura que se tuvieron a lo largo de la historia.

Anónimos o famosos, lo cierto es que la locura evolucionó en su tratamiento, pero no tanto en el concepto social que se tiene del enfermo mental, al que se lo trata de una forma inferior a la del que padece un mal físico. Hasta los hospitales reciben mejor cuidado que los manicomios. Costumbres todas que podría alterarse con un cambio en la visión del problema.

EL MUERTO QUE COME

Los especialistas en tratar la locura se diferencian de los otros médicos cuando insisten en que su arte consiste en encontrar una solución particular para cada enfermo. En su Historia de la locura de la época clásica, Michell Foucault cuenta un caso que sirve como ejemplo.

En una casa de salud había un loco que se creía muerto; por lo tanto se negaba a tomar alimentos. Los médicos temían por la vida del enfermo. Decidieron seguirlo en el delirio. Introdujeron en la habitación del loco a varias personas vestidas con mortajas y convenientemente maquilladas para que parecieran muertas. Prepararon una mesa con comida y comenzaron a disfrutar de los majares. El loco los miraba famélico. Los comensales se mostraron sorprendidos de que el enfermo permaneciera en la cama y lo persuadieron de que los muertos comen por lo menos, tanto como los vivos. El loco entro en el juego y aceptó comer.

ARTE & LOCURA

La antigua y presente idea de que la locura sería inevitable en el caso de los artistas geniales pareció tener en el siglo pasado su conformación científica en el libro Genio y locura, de un médico italiano Cesare Lombroso. Lombroso sostenía que la mayoría de los grandes hombres padecieron trastornos neurológicos o psiquiátricos. Especialmente creyó encontrar una relación entre genio y epilepsia. El genio insinuaba, era la faceta afortunada de una psicosis degenerativa.

En los últimos veinte años, la psiquiatría se ha orienta do en dos direcciones una de ellas sigue, en forma intuitiva, las teorías de Lombroso. La otra orientación, que es la Freud aconsejaba, se limitaba a investigar en cada artista la preferencia por un medio de expresión y la selección de temas.

Gracias a esta metodología han podido descubrirse diversas patologías en artistas como Vincent Van Gogh, Leonardo Da Vinci, Benbenuto Cellini, Caravaggio, Goya, Hugo van del Goes, Robert Schuman, Franz Liszt o Wolfgang Amadeus Mozart, entre otros.También son válidas las referencias de testigos cuando describen hechos concretos. De la enfermedad que anuló al genio poético Johann Christian Hölderlin tenemos idea gracias al relato de alguno de sus visitantes... le regalaron un piano del que inmediatamente cortó casi todas las cuerdas, sobre las pocas restantes intentaba tocar, a veces el día entero, en ocasiones cantando palabras incomprensibles, en un tono desgarrador...

¿SER O NO SER?

¿Cuáles son los signos que marcan la frontera que señala que una persona es loca y que la otra no lo es? El doctor Gall, creador de la frenología, tuvo esta duda cuando cierta vez visitó a los locos de Bicetre para examinarlos. Le llamó la atención uno de ellos y le dijo: -¿Cómo es que usted está aquí?, me parece que es usted una persona tan normal como yo.

En su cráneo no encuentro ningún signo de locura... -No le extrañe, doctor porque esta no es mi cabeza, sino una que me puse para sustituir la me cortaron en la revolución.

FAMOSOS LOCOS CONTEMPORANEOS

El excéntrico "billonario" Howard Hughes era un despreocupado aventurero de la aviación a tal punto que tuvo siete lesiones en la cabeza en seis años, como consecuencia de su poca responsabilidad a la hora de volar. Las lesiones lo condujeron a un detrimento en sus funciones y le acarrearon otros accidentes. Años más tarde exigiría a sus colaboradores que usaran guantes blancos y que le entregaran los objetos en envueltos en toallas de papel. Se negaba a bañarse y usaba la misma ropa durante meses, y aunque podía recuperarse por breves momentos, su vida terminó en un trágico aislamiento y locura.Más allá de los millonarios excéntricos y los artistas la locura de los notorios en la época contemporánea parece asentarse en algunos representantes en la clase política. La paranoia, encarada por ejemplo en Adolf Hitler; el deterioro mental del líder, como pasó James B. Forrestal, primer secretario de Defensa norteamericano, que se suicidó en 1949 tras manifestar una serie de claros síntomas psicóticos; la obligación de dar una imagen, como con el nazi Rudolf Hess, que terminó siendo calificado por los médicos como un "loco que, no creyéndose loco, finge estar loco"; la agresividad patológica de la mayoría de los líderes y la manipulación del ídolo que puede colocar a una persona a la máxima consideración y tiempo más tarde transformarlo en el ser más odiado, sería alguna de las características que dan origen a las desestabilizaciones en la racionalidad de algunos políticos.

Yo cazaba moscas para Howard Hugues

James Forrestal, secretario de Defensa de Estados Unidos, impulsor del proyecto SING, para la investigación OVNI (1947), se arrojó por una ventana. Por sus manos había pasado una importante documentación OVNI, en poder de las Fuerzas Aéreas Norteamericanas. Oficialmente, se suicidó.

El médico, orador y poeta Gaspar Balaus, creyó al final de su vida que estaba hecho de mantequilla. Por ello, por temor a morir derretido, evitaba acercarse al fuego y a cualquier otra fuente de calor. Al parecer, un día que paseaba comenzó a hacer mucho calor, por lo que temiendo derretirse, se tiró de cabeza a un pozo, y en lugar de morir fundido, murió ahogado.

Un hombre tuvo un ataque de locura bastante singular: se obsesionó con no poder orinar más, por miedo a inundar la ciudad con su orin. Sufría un auténtico martirio, pero se mantenía firme en su propósito y nadie podía hacerle orinar.

La locura es definida y tratada en cada cultura y en cada época histórica, de forma particular, de acuerdo con las ideas hegemónicas de la época. La locura no es un dato objetivo, sino un dato histórico y social. A finales del s. XIX se abandona el término locura, al ser considerado despectivo, y se usa el término enfermo mental o ya más en la actualidad el de trastorno mental, así se separa el trastorno de la persona, de su carácter y sus vivencias propias Los antiguos creían que la locura era sagrada, que era obra de los dioses o demonios. Las divinidades enviaban la locura, como castigo o como venganza. En ésta época, las personas no eran culpabilizadas por su trastorno; sino que eran consideradas víctimas inocentes de fuerzas sobre las que no tenían control alguno. En Mesopotamia, Israel y Persia, se consideraban los trastornos mentales como posesiones demoniacas. En Egipto, antes que los griegos, reconocieron al cerebro como “localización de las funciones mentales”. Describieron el trastorno emocional, denominado luego como “histeria” por los griegos, atribuyéndolo a una mal posición del útero, por lo cual fumigaban la vagina como tratamiento, con la intención de devolverlo a su posición original. En India, la meditación budista se utilizaba y se utiliza como una forma de psicoterapia para trastornos mentales así como ayuda para superar las dificultades de la vida diaria. En Grecia, los griegos fueron los primeros en estudiar los trastornos mentales desde un punto de vista científico, separando el estudio de la mente de la religión, fueron los más avanzados en aplicar técnicas que se desarrollarían más adelante como el diálogo con el paciente, o la interpretación de los sueños. La medicina griega buscó leyes universales que pudieran constituir la base de una ciencia real de la enfermedad, investigando a fondo las leyes que gobiernan las enfermedades y buscando la conexión entre cada parte y el todo, la causa y el efecto. Además de los tratamientos somáticos de la escuela hipocrática, los griegos emplearon tres tratamientos psicológicos: inducción del sueño, interpretación de los sueños (a cargo de sacerdotes) y el diálogo con el paciente. Hipócrates sostuvo que las enfermedades se producían por un desbalance de los cuatro humores esenciales: flema, bilis amarilla, bilis negra y sangre. Pequeños excesos de estos tres humores y de sangre daban lugar a personalidades flemáticas, coléricas y sanguíneas. Hipócrates ubicó en el cerebro la capacidad para pensar, sentir o soñar. Fue el primero en proponer que los sueños son expresión de nuestros deseos que acceden hacia el conocimiento cuando se eliminan las demandas de la realidad. También fue el primero en describir y clasificar racionalmente enfermedades como epilepsia, manía, paranoia, delirio tóxico, psicosis puerperal, fobias e histeria. En Roma, siguieron las filosofías griegas estoica y epicúrea, que postularon que las pasiones y deseos insatisfechos actúan sobre el alma produciendo enfermedades mentales, que pueden controlarse alcanzando un estado mental sin perturbaciones o ataraxia (de donde deriva el término atráctico utilizado para los sedantes). Celso, dividió las enfermedades en locales y generales, dentro de estas últimas incluyó las enfermedades mentales, que a su vez las dividió en febriles (delirios) y no febriles (locura). Consideró necesario el confinamiento y los procedimientos restrictivos (hambre, cadenas y grillos) para el control de la violencia, recomendando los sustos súbitos como tratamiento. Galeno, a su muerte comenzó la era del oscurantismo religioso medieval. Consideró que el cerebro es el centro de las sensaciones y movimientos, y que el alma es inseparable de los centros nerviosos. Describió dos tipos de almas: animal o racional (en el cerebro) e irracionales (en el corazón e hígado). Dijo que el clima influye en las características psicológicas. Con el advenimiento del cristianismo, la locura fue conceptualizada como sinónimo de pecado y defecto mortal. Se consideró la locura como el resultado de una posesión o un pacto con el diablo, como un efecto de la brujería. El loco era alguien considerado controlado por las fuerzas del mal, se utilizó el exorcismo para extirpar el diablo del cuerpo de las personas presuntamente poseídas. En la Edad Media el loco no puede hacer promesas, ni tener palabra, ni testimoniar. A nivel jurídico no puede disponer de sus bienes, estos pertenecen a sus familiares o tutores. No puede testificar ante tribunales, ni hacer contratos. A cambio los parientes del loco deben asegurar su subsistencia y su guarda. Los locos extranjeros son expulsados, a veces después de haber sido azotados. En la alta Edad Media surge un enfoque “médico”, de la locura. Con la creencia que los locos tienen una piedra en la cabeza (la piedra de la locura), que origina su mal. Realizan pues, operaciones quirúrgicas, para extraerla. Con la llegada del renacimiento, se acaban los exorcismos y las trepanaciones de cráneos. Se opta para erradicar a los locos directamente, sacándolos de la ciudad, de las calles, del espacio público. Se les deja en campos apartados y otros son puestos en un barco sin timón en medio del mar. Aunque también se pide a los gobernantes que provean de medios para gestionar a los pobres, dementes y enfermos, es el caso del franciscano Francesc Eiximenis que en 1385 escribió un Regiment de la cosa pública destinado a los Jurats de la Ciudad de Valencia en la que se establecía la responsabilidad de los gobernantes para proveer los medios para gestionar a pobres, dementes y enfermos. En la Corona de Aragón, en el Norte de Italia y en la Europa Católica, muchas de estas instituciones eran ya en el XV civiles y controladas por los municipios. Para este cambio, será clave la figura de Joan Lluís Vives i March, humanista, filósofo y pedagogo valenciano de origen judío, autor del tratado De anima et vita (Basileae, 1538) en el que apunta varios aspectos de psicología y psicopatología y niega categóricamente el origen sobrenatural de la locura. A los de Vives hay que añadir los estudios de Jean François Fernel (1485-1558), quien describe varias capacidades de la mente como la memoria, la inteligencia, o el sentido común, y que se reafirma en el origen natural de la enfermedad mental. Johann Weyer (1515- 1588), médico y humanista, y algunos otros médicos como Cornelio Agripa, Girolamo Cardano, Arnau de Vilanova (1238 – 1311), Andrés Laguna, Amato Lusitano o Lavinio Lemnio, todos se oponen a que los locos sean quemados en la hoguera y reivindican el origen médico de la locura. Aunque en muchos de estos autores se continua mezclando la locura con el demonio, la brujería o la alquimia. En 1511 Erasmo de Rotterdam, publica el Elogio de la locura, un ensayo escrito en forma de sátira en el que crítica las supersticiones y las prácticas piadosas de la Iglesia Católica, así como de la propia locura. Pese a ser más una crítica sobre las prácticas del catolicismo contra la locura, ejerció una gran influencia en la visión de la enfermedad mental durante buena parte del renacimiento. Foucault señala que desde el siglo XV el loco era considerado como portador de cierta sabiduría, hasta el momento en que tanto el loco, como el delincuente y todos los marginados de la sociedad van a ocupar el espacio de los leprosos, de los apestados sociales, llevando al aumento de las prisiones en la Francia del siglo XVII (1). Existían muchos lugares reservados sólo para los “tontos” como el Hotel Dieu que acogía solamente los “locos”, o el Londres Bethlem donde aceptaban una única serie de “locos”. Cuando se internaban tan solo los “locos”, es de hecho una prueba de que se realizaba una determinación médica, cosa que ocurría en otros lugares. Aumentaron los encierros en los asilos y los hospitales generales. Los médicos contaban con pocos conocimientos acerca de la locura y los espacios institucionales especializados no existen. Los “locos” deben compartir espacio con delincuentes, desertores, prostitutas, borrachos, etc. En la Edad Moderna se clasifica a los locos en tres grupos: furiosos, deprimidos y tranquilos. A los furiosos se les intenta calmar con ayunos, palos y duchas de agua fría. De no resultar se les instala en el cepo. Como ultima medida, se les fija a un muro, mediante una cadena corta. Los deprimidos son aislados en habitaciones del domicilio familiar, separados del resto de miembros y a menudo se los oculta de las relaciones sociales. Los “más tranquilos” alternan con la familia y las amistades, al no constituir peligro. En el s. XVIII comienza a darse un trato teóricamente más humano a los enfermos mentales. En París, Philippe Pinel, director del asilo de La Salpetrière, libera de las cadenas a los enfermos aherrojados y confinados. Pinel, es considerado el padre de la psiquiatría moderna, explica el origen de las enfermedades mentales por la herencia y las influencias ambientales, en su Tratado de la locura clasificó las enfermedades mentales en cuatro tipos: manía (delirio generalizado con agitación), melancolía (simple, delirio parcial, de mano con la depresión), mutismo (no hablan, tendencia a quitarse la vida) y demencia (perdida de las funciones mentales). Pinel pese a dar un trato más moral a los enfermos mentales, como la supresión de las cadenas, continua usando las camisas de fuerza y las duchas heladas para “tratar” a los “alienados”. Otro psiquiatra, Samuel Tuke metía los locos en asilos y les aplicaba castigos hasta que aprendieran a actuar con normalidad, es decir de manera sumisa y ajustada a lo que la sociedad consideraba “normal”. Eso si, empiezan a investigarse y comienzan a darse avances en el conocimiento de las enfermedades mentales. En el siglo XIX, no paran de aumentar el numero de manicomios, estos disfrazaban la tortura como una forma de curación, uno de los tantos casos fue en el hospital psiquiátrico Charenton en París, donde se aplicaban como tratamiento: mantenerlos atados, sumergirlos en agua fría, golpes y sumergirles la cabeza en una bañera. En los manicomios ingleses utilizaban un dispositivo rotatorio en el que hacían girar al paciente a una velocidad vertiginosa, otro tratamiento consistía en marcarle la cabeza con un hierro al rojo vivo para que el loco recuperara el sentido. Todo esto con el fin de anular sus ideas y ilusiones, consideradas anormales. En el siglo XX se desarrollan dos concepciones diferentes de la enfermedad mental: Una concepción biologicista: Las enfermedades son provocadas principalmente por trastornos biológicos y genéticos (Kraepelin, Bleuler). Una concepción psicologista: Las enfermedades mentales son trastornos psíquicos, desequilibrios que han de ser tratados con medios psicoterapéuticos, aunque también pueda existir una base biológica (Jaspers, Freud). Freud se enfrenta al biologismo, creando un nuevo rol para el médico, este debe escuchar al paciente y a partir de aquí encontrar los motivos de sus síntomas. La concepción biologista junto al Darwinismo social defendido por la ideologia Nacional-Socialista supuso la esterilización y exterminio de miles de alemanes con trastornos mentales o minusvalías, un total de 300.000 personas fueron asesinadas mediante el programa T-4 o “eutanasia”. Los nazis consideraban a los enfermos mentales y minusválidos como inútiles para al sociedad y una amenaza para la pureza genética aria (2). Otro ejemplo del mal uso de la psiquiatría cuando está bajo las ordenes de una ideología (además una ideologia que cree en el supremacismo racial), es el Darwinismo Social que seguía de los nazis el psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Najera que “estudió” a 297 brigadistas internacionales encarcelados en Burgos y a 50 presas políticas recluidas en Málaga, y publicó los resultados en Biopsiquismo del fanatismo marxista, que según el demostraban la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad, social y política, la brutalidad de su fanatismo e incluso su fealdad. En su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza, Vallejo defendía la «eugenesia positiva», cuyo fin era «multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles», es decir los rojos. Las conclusiones de sus obsesión anticomunista se pueden encontrar en su obra La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos de los padres de los marxistas, pues «la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible»(3). También en la lucha contra el comunismo, pero durante la Guerra Fría, entre los años 1957 y 1964, la CIA llevó a cabo el proyecto MK-ULTRA, dirigido por Donald Ewen Cameron, el primer presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría y ex miembro del Comité Profesional del Tribunal de Nuremberg que juzgó a los nazis por sus crímenes. El proyecto MK-Ultra pretendía encontrar la manera de controlar la mente humana. Mediante la Conducción Psíquica, se creía posible corregir la locura, borrar la memoria existente y reconstruir la psique por completo. Algunos de los experimentos realizados con este fin, aplicados a personas sin su consentimiento, fueron la radiación, los psicodélicos, la inyección simultánea de barbitúricos y anfetaminas y las descargas eléctricas al cerebro (4). A pesar de los avances en psiquiatría en el s.XX, muchos enfermos siguen sufriendo las prácticas y medicación inadecuada. En los años 60 surge un movimiento llamado antipsiquiatría. Algunos de los principales miembros de este movimiento son David Cooper, Ronald Laing, y Thomas Sasz; se oponen a metódos como el electroshock, los comas insulínicos o la lobotomía. También se oponen a que los enfermos mentales estén encerrados contra su voluntad. La psiquiatría oficial finalmente ha aceptado algunos postulados de la anti psiquiatría, la lobotomía fue eliminada, igual que los comas insulínicos, aunque aún se utiliza el electroshock en algunos casos y la contención mecánica. La psiquiatría acepta que las personas con trastornos mentales deben ser reincorporados a la sociedad, muchos manicomios acabaron cerrando. Actualmente existen hospitales de día y las estancias en hospitales psiquiátricos teóricamente se reservan para momentos de crisis o para personas sin apoyo familiar. El DSM es un manual de clasificación de los trastornos mentales que proporciona descripciones y diagnósticos con el fin de que los psicólogos, psiquiatras e investigadores en salud mental puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos. Su primera edición salió en 1952 como una variante del CIE-6. Fue creado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatria (APA) y la Academia de Nueva York. Una de las críticas que se hace al DSM es su rigidez a la hora de clasificar los trastornos mentales, de hecho existen trastornos de personalidad que no pueden clasificarse de una manera clara. También hay el peligro de clasificar las personas según su trastorno mental, cuando cada persona puede vivir el trastorno mental a su manera, sin que coincidan los mismos síntomas con otra persona que sufre el mismo trastorno. La edición vigente es la quinta, DSM-5, y se publicó el 18 de mayo del 2013. A partir de los años 60 hay un crecimiento espectacular de los psicofármacos. La prescripción de antidepresivos (5), ansiolíticos (6), antipsicóticos y estabilizadores no ha parado de crecer. Hay una crítica por ejemplo del uso a largo tiempo de los ansiolíticos, que pierden su eficacia y además pueden causar adicción. Actualmente existe un debate entre algunos psiquiatras y usuarios sobre si hay un exceso de medicación y si no sería más efectivo que junto al tratamiento psicofarmacológico la sanidad pública proporcionara más herramientas para prevenir los trastornos mentales y para dar apoyo psicológico a las personas que se traten o no con psicofármacos. Hemos hecho un breve repaso desde la antigüedad al tratamiento de la locura en Europa, faltaría para analizar muchos países donde aún se practican métodos inhumanos a las personas con trastornos mentales. En Europa se ha avanzado en el tratamiento de las personas con trastornos mentales aunque aún quedan muchas lagunas, por ejemplo, aunque haya disminuido mucho respecto al siglo XIX y parte del XX, se continua aplicando el electroshock, la contención mecánica y el ingreso forzoso. Además de la sobremedicación que pueden recibir algunos pacientes y el aumento espectacular del consumo de psicofármacos. A pesar de los avances en el tratamiento de los trastornos mentales, el que padece un trastorno y lo hace público o no puede esconder los efectos del trastorno o la medicación, sigue estando estigmatizado. Es difícil que una persona haya declarado públicamente que está diagnosticada con un trastorno mental encuentre trabajo, piso, pareja, sea aceptada por los amigos, vecinos, etc. A menudo la persona con un trastorno mental es desvalorizada y menospreciada en nuestra sociedad. Se ve expuesto a las emociones negativas que desarrollan muchas personas ante ellas: miedo, irritación, exceso de compasión. Hay trastornos mentales como la esquizofrenia que se relacionan directamente con un comportamiento violento, otros como la depresión a menudo se considera que el enfermo está así por que quiere, porque no se esfuerza. La persona que sufre un trastorno mental se enfrenta con dos problemas: El propio trastorno mental y los problemas derivados del estigma. Sobre la violencia y los trastornos mentales las estadísticas dicen lo contrario de lo que muestran algunas películas o titulares de noticias, las personas con trastornos mentales no son más violentas que el resto y en algunos casos como las mujeres que sufren trastornos mentales son ellas las víctimas de la violencia. Algunos datos de personas con trastornos mentales y violencia (7): Teniendo en cuenta que según los expertos una cuarta parte de la población padecerá algún trastorno ansioso-depresivo durante su vida (8), sería interesante empezar a acabar con alguno de estos clichés que vinculan la enfermedad mental con la violencia o con una incapacidad total. Existe también un estigma en positivo de las personas que sufren un trastorno mental, como que son más creativas o inteligentes. El trastorno lo que puede provocar es que la persona encuentre en el arte un punto de fuga para expresar sus sentimientos y hacer más llevadera su vida, pero un trastorno mental no te hace ser más creativo, con la cantidad de personas con trastornos mentales estaría lleno de Van Gogh’s, Edvard Munch’s, Séraphine Louis, etc. y no es el caso.

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 Licenciatura en Parapsicología Integral con Orientación a la Alta Magia Psíquica 

O a las Disciplinas Complementarias

COMIENZA EN MARZO / ABRIL Y FINALIZA EN DICIEMBRE DE CADA AÑO

DURACION 3 AÑOS

Incluye, entre otros, estos cursos: Numerología, Grafología, Tarot, Astrología, Quilología, Manejo Alternativo de las Energías. Ritual de Alta Magia y Psíquica, etc.

Egreso como Parapsicólogo Profesional para Trabajo de Consultorio y de Campo

Matricula con Respaldo CEPE / APAPRA – Fundado el 5 de junio de 1985

Asociación Civil Personería jurídica Otorgada por la Inspección General de Justicia de la Nación Argentina – Bajo Resolución 0001185/05

https://www.cepedeargentina.com.ar/parapsicologia/ – coordinadorcepe@gmail.com

Para consultas personales con el profesor miguel Ojeda, llame a este número 011-43828824 o por Wsp 1144785458

Web:  https://www.profesormiguel.com.ar/ - Emailprofesormiguel@gmail.com  

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