Parapsicología Fenómenos VI - Profesor Miguel Antonio Ojeda - Instituto CEPE de Argentina

LOS FENÓMENOS PARANORMALES 

Los fenómenos paranormales no tienen hora, no tienen relojes, se suelen manifestar en cualquier momento desterrando aquel tópico que dice que la noche es más propicia para que tengan lugar este tipo de incidentes

Opinan los científicos que aquello que no puede ser explicado en términos físicos no existe. Los parapsicólogos actuales –esta ciencia, nacida en el siglo XIX había recibido originalmente el nombre de metapsíquica-  afirman en cambio que, puesto que los fenómenos paranormales son una realidad, significa que no todo en la naturaleza puede ser explicado en términos físicos.

Diversas clases de fenómenos psíquicos

La mayor dificultad a la que se enfrenta la parapsicología para demostrar que puede confiarse en ella es que los fenómenos comprendidos dentro de esta ciencia no reconocida por todos no se producen de acuerdo con una ley, sino que parecen desafiarlas a todas. Son imprevisibles. No suceden cuando alguien desea provocarlas. Y cuando una persona se jacta de llevarlos a la práctica cuando ése es su capricho debe desconfiarse de sus palabras. Es muy posible que esté cometiendo un fraude. En especial si se trata de un individuo aparentemente sano. Porque, la mayoría de las veces los fenómenos paranormales se manifiestan en seres afectados, de manera permanente o pasajera, por problemas mentales o fisiológicos: son epilépticos, han recibido un fuerte golpe en la cabeza o son presa de una intensa crisis emocional.

Es decir, estos fenómenos son el resultado de un estado anormal. En ciertos casos, los fenómenos son producidos por la ingestión de drogas alucinógenas –en el caso de Sabina, la bruja de Oaxaca- o por las secreciones internas, sin que el individuo se de cuenta. Es decir, tendrían un origen químico y sucederían especialmente en los sujetos cuyas glándulas endocrinas sean más propensas a producir ciertas secreciones. Y puesto a que estas secreciones son esporádicas, es lógico que las manifestaciones paranormales no se atengan a ninguna ley. ¿Cuáles son éstas manifestaciones y de qué forma podrían clasificarse?

Entre las más significativas se destacan las siguientes: clarividencias y premoniciones, apariciones, telepatía, levitación y telekinesis, reencarnación, cuerpo astral, psicometría, poltergeist, visión paraóptica y fotografía psíquica. De todos estos curiosos fenómenos, y otros menos importantes, se ofrecerán diversos ejemplos, y alguna explicación –paracientífica, como es natural- cuando se considere necesario. Comenzará esta exposición de temas con el que sea, muy posiblemente la manifestación paranormal más antigua practicada por el hombre: la clarividencia y la predicción del futuro.

Los antiguos oráculos y el ombligo de la Tierra

El oráculo estaba a cargo de una anciana, la Pitia, y un hombre, el Profeta. Tras la pregunta que le hacía el solicitante, la sacerdotisa, instalada en la cripta del templo e inclinada sobre su trípode, entraba en comunicación con el dios. Mientras, masticaba hojas de laurel, espolvoreaba harina y bebía largos tragos del agua que manaba de la fuente sagrada. Si sus palabras, como sucedía a menudo, resultaban absurdas o ininteligibles, el Profeta estaba allí para ayudar a interpretarlas.

Los griegos, cuya mitología se inspiró tantas veces en las tradiciones llegadas de Oriente, concedieron una gran importancia a todo lo relacionado con el ombligo. No se trataba de ese hoyo a menudo antiestético situado en el centro del vientre, residuo del cordón umbilical, sino que el término poseía un simbolismo muy particular, afín a las grutas y, de alguna manera, a los oráculos, a las serpientes y al parto en general. 

En la lengua griega se llama onfalos al ombligo y este nombre se aplicaba al centro del mundo. Zeus quiso averiguar dónde se encontraba ese centro, para lo cual hecho a volar dos águilas a su servicio. Fueron a reunirse ambas al pie del monte Parnaso, donde Apolo establecería a continuación el famoso oráculo de Delfos. En aquel lugar se hallaba la tumba de Pitón, serpiente monstruosa parida por Gea, diosa de la Tierra y madre del género humano que tenía sus equivalentes orientales en Rea y Deméter, en Maya hindostana y la precortesiana Tonantzin.

Desde el momento de su creación, el oráculo de Delfos sería atendido por las pitonisas –nombre derivado de Pitón -, sacerdotisas que permanecían en el interior de un antro profundo donde se quemaba incienso. Se formaban espesos vapores que pretendían crear, sin dudas, una atmósfera semejante a la que se produce durante una erupción volcánica. Embriagaban los vapores a la tierra, es decir, a la diosa Gea, y le hacían pronunciar sus profecías por boca de las pitonisas a su servicio.

En diversos países de la antigüedad era frecuente que se instalasen los profetas en el interior de grutas abiertas al pie de viejos volcanes que a veces humeaban aún. Fue lo que debió suceder en el Monte Sinaí donde Moisés fue a consultar con Jehová. Lo mismo en este lugar que en Creta y diversos puntos de la América precolombina asentaron los antiguos profetas dentro de una gruta y en todos los casos realizaban sus tareas rodeados del humo del incienso. 

Las montañas que encerraban grutas y sobre las cuales se levantaron centros sagrados, fueron consideradas la morada de los dioses y en ellos nacieron numerosos héroes y agoreros, lo mismo en los países de Asia y del Mediterráneo que en el México precortesiano (ante de la llegada de Hernán Cortéz). Tal vez por esta razón se construirían en montes estos centros sagrados y más tarde, tal vez por inercia, las ermitas católicas. Los sacerdotes al cuidado de los oráculos realizaban sus tareas concentrándose en la visión de un objeto brillante, como podía ser un espejo –en México echaban mano a los espejos oscuros de obsidiana- o una bola. Las pitonisas que en la actualidad intentan adivinar el futuro ignoran tal vez que hace más de 20 siglos existían ya esas bolas de cristal de las que tan satisfechas están.

 Esta práctica incumbía a los sacerdotes hechiceros: ingerían antes alguna droga y sabían hundirse en un trance hipnótico al contemplar fijamente la superficie pulimentada de los cristales. Después, el subconsciente se ocupaba de lanzar su mensaje. Solamente ellos podían lanzar profecías, porque los no iniciados se exponían a sufrir serios peligros. Consultaban estos hechiceros los cristales en la primavera, para saber cómo serían las cosechas. De acuerdo con el ángulo adoptado por el cristal y las imágenes que resultaban, el hechicero podía conocer lo que sucedería en el curso del año.

Parece difícil aceptar, pero fue gracias a este deseo de saber por anticipado la calidad de las cosechas y el momento de iniciar las tareas del campo, que nacieron los calendarios y el estudio de la astronomía. Después, al pasar los siglos, los seres humanos se olvidaron de determinar qué sucedería en el campo he inventaron los almanaques, que lo daban todo hecho. Pero siguieron muy pendientes de averiguar qué les reservaba el futuro: si sería propicia una fecha para coronar al príncipe heredero o para entrar a una batalla, si esperaba paz o guerra el país, si se acabaría algún día en mundo. Nacieron los profetas, acerca de los cuales poco o nada se dirá ahora en este texto de estudio.

A continuación, se mostrarán, algunos curiosos casos de profecías de carácter personal y de premoniciones y sueños proféticos sumamente interesantes. Y se terminará con unos casos muy especiales de clarividentes cuyos aparentes dones fueron utilizados para bien de la humanidad.

Las profecías de Parravicini 

Entre los años 1933 a 1940, un argentino llamado Benjamín Parravicini hacía curiosos dibujos adornados con un texto que constituyeron anuncios tan exactos como increíbles.

Hacía los dibujos estando consciente, pero su mano se movía para hacerlos a pesar suyo. A veces surgía a mitad de la noche y en previsión de ello tenía a todas horas, junto a su cama, papel y un lápiz. Dibujaba en la oscuridad, sin ver lo que hacía. Algunos dibujos parecían anticipar lo que sucedería en unos años más. Era el suyo un panorama sombrío que terminaría con una era de amor y paz, coincidiendo con el regreso de Cristo a la Tierra, en el 2002.

 

En 1937 realizó un dibujo en el que anunciaba no sólo en estallido de la Segunda Guerra Mundial sino también el de la bomba atómica sobre Hiroshima. Otro se refería, en 1938, a los cuatro años que Francia sería ocupada por el III Reich, y que la bandera de la cruz gamada ondearía en la Torre Eiffel. En el mismo año, otro dibujo anunciaba la muerte, casi al mismo tiempo de Hitler y Mussolini. Al siguiente año, uno de los dibujos anunció el fin del reinado de Chian Kai Chek en China y el triunfo del comunismo en ese país. En 1938, año en el que fue pródigo de dibujos, una cabeza barbuda fue acompañada por el siguiente texto: “cabeza de barba que encenderá a las Antillas”. No había dudas de que Parravicini se estaba refiriendo a Fidel Castro. Otros dibujos curiosos revelarían la existencia de las futuras melenas de los jóvenes y de la moda unisex, así como que el hombre volaría a los espacios siderales, venciendo al sonido.

En 1938, Parravicini ilustro uno de estos dibujos con el siguiente texto: “el Papa cambiará sus normas. La misa será protestante sin serlo. Los protestantes serán católicos sin serlo. El Papa se alejará del Vaticano en varios viajes y llegará a América”. El año anterior, Parravicini había escrito que el mar avanzaría y que se derretirían los casquetes polares, así como se desplazarían los polos. No daba el año 1982 como había hecho Jeanne Dixon y Edgard Cayce para señalar cuando sucederían estos cataclismos. El profeta argentino se limitó a decir que después de utilizar las armas apocalípticas, la humanidad tendrá que buscar refugio en las cuevas subterráneas y volver a empezar.

Podría aceptarse, en parte, lo que anunció Parravicini, pero en algo cometió el mayor de los errores. Declaró que, en su propia tierra, se impondría la verdadera libertad y el país alcanzaría un completo bienestar.

Es posible predecir un crimen

Emperador Napoleón III y su esposa la Emperatriz Eugenia de Montijo

En el verano de 1863, Napoleón III y su esposa Eugenia de Montijo se encontraban en Dieppe, plaza francesa de moda muy inferior a las del Mediterráneo, cuya única ventaja era encontrarse cerca de París. Veraneaba también en el lugar Daniel Douglas Home un médium escocés que sabía realizar actos que jamás se sabía si eran reales o fingidos. Sabía, por ejemplo, tocar y un acordeón o una trompeta a la distancia, y lograba curiosos efectos de hipnosis colectivas, además de no tener secretos para él la levitación. Alguien le rogó que consultase con una bola de cristal. El médium jamás había echado mano a esta clase de objeto, porque no sentía ningún deseo de conocer el futuro. Estaba seguro de averiguar que moriría joven, como así sucedió. Sin embargo, aceptó. Fijó la mirada unos segundos en la bola y declaró que veía un enorme gentío y un hombre alto y delgado, provisto de una barba oscura, en el momento mismo de ser asesinado por la espalda. Añadió el médium que la víctima sería nada manos que Abraham Lincoln.

 El crimen sería cometido antes de transcurrir un año. ¿fue aquello una auténtica profecía? En aquellos días, todos en EE.UU. y en numerosos países bien informados se sabía que el presidente había sido amenazado ya de muerte, en varias ocasiones. No era difícil, en aquel momento predecir su muerte.

Lo mismo iba a suceder un siglo más tarde, cuando después del recibimiento dispensado al político demócrata Adlai Stevenson en la ciudad tejana de Dallas, advirtió éste a su presidente que no le irían bien las cosas si insistía en visitar en lugar en unos días más.

Tampoco se arriesgaba a cometer errores la profetisa Jeanne Dixon, cuyas palabras se habían convertido en artículo de fe, si declaró a su amiga Eleanor Baumgardner que una nube oscura envolvía la Casa Blanca y nada nuevo presagiaba para John F. Kennedy.

Eleanor informó de estas palabras Pierr Salinger, cercano colaborador del presidente para ponerle en tanto de la profecía.

El presidente sabía muy bien que su vida peligraba y tal vez no necesitaba de consejos lanzados por una profetisa. Pero, ¿cómo iba a negarse a cumplir con su deber de estadista por unos presagios que cualquiera en su sano juicio podía considerar ridículos? Sabía que sus enemigos políticos, listos siempre para sacar partido de cualquier debilidad suya y su superstición. No tuvo más remedio de acudir a su cita con la muerte.

Otro personaje cuyo fin fue anunciado con antelación fue Luis XVI. Todo comenzó una tarde de verano de 1778, en casa de la duquesa de Gramont. La dama conversaba con algunos invitados, entre los que se contaba el poeta Jacques Pierre Cazotte. Cuando se brindaba por el futuro de Francia, hablo el poeta para decir que no habría futuro para los invitados a la fiesta. Morirían antes de que transcurriesen diez años. La concurrencia tomó las palabras en bromas, pero Cazotte se apresuró a decir que tanto la duquesa como el conde de Chamfort y otros nobles cuyos nombres citó morirían en el cadalso.

La profecía se cumplió en su totalidad. ¿Fue en realidad una profecía? ¿No sería que Pierre Cazotte, conocedor de lo que sucedía en Francia por culpa de su Rey, que era un inútil, sabía que el pueblo trabajaba ya a favor de una revolución de acabaría con la dinastía de los Capeto? Curiosamente, la profecía se cumplió también con el propio poeta. Murió guillotinado.


                                                                                    Jacques Pierre Cazotte

No fue Pierre Cazotte el único que osó anunciar el fin dramático de los reyes de Francia. Cierta Cathérine Théot, que tenía fama de bruja, fue un día llamada por María Antonieta, que debía aburrirse en casa. Llego la Théot ante la reina, rodeada de sus damas de compañía, y apuntándola con un dedo, de dijo que moriría en el Cadalso, como un vulgar criminal. La reina se molestó. No le agradaba que le dijeran cosas tan feas. Envío a la bruja a la Bastilla y allí permaneció hasta que fue liberada por los revolucionarios, poco antes del 14 de julio de 1789.

Varias profecías citadas se han convertidos en ejemplos clásicos de lo que puede ser un buen vaticinio, a pesar de ser considera algunas veces como producto de un razonamiento basado en el conocimiento de la política. A cambio de las profecías citadas se ofrecerán otras dos, mucho menos conocidas. Las primeras deben atribuirse a Josefina de Beauharnais, esposa de Napoleón Bonaparte y criolla en la Martinica, igual que su prima Aimée Dubucq. A las dos les agradaba consultar con Eufemia, una vieja negra que sabía ver el futuro. Eufemia anunció un día Aimée que sería raptada por unos turcos y conducida al Harén de Constantinopla, donde al paso de los años se convertiría en madre del sultán Validah. En cuanto a Josefina, la anciana negra le aseguro un porvenir sumamente grato le esperaba en Francia. Pero que acabaría teniendo dificultades con su esposo, cuando éste se encontrase ya en la cumbre del poder. Uno se pregunta que habría hecho las dos primas de no haberles dicho nada la negra profetisa. ¿Habría tomado Josefina el barco rumbo a Francia? ¿Se habría atrevido Aimée a navegar por el Mediterráneo, en lugares que no debía?

Pero veamos que hizo en la década de los 80 una astróloga norteamericana llamada Blanca Holmes, al estudiar la carta astral de la actriz de cine Natalie Wood. Quedó tan impresionada por lo que vio que no se atrevió a hablar con ella, sino que lo hizo con el periodista David Ragan: presentía que la actriz tendría un final sumamente trágico, poco tiempo después de cumplir 40 años de edad. Y así sucedió. Natalie murió ahogada el 20 de noviembre de 1982. Se supone que cayó al agua por haber tomado algunas copas de más.

Unos días antes, el 16, habido sido hallado muerto otro actor muy conocido, William Holden. Las dos muertes habían sido anunciadas en la primera semana del mes por María Graciette, que quiso poner sobre aviso a los dos actores. Carroll Righter, también astrólogo estuvo trazando el horóscopo de Natalie Wood, días antes del accidente, y trató de avisar a su esposo, el actor Robert Wagner.

Las premoniciones, profecías a corto plazo

A veces se les llama presentimiento y no son más que un extraño aviso o una oscura llamada de advertencia, que invita a no realizar algo que, en realidad, no se tenía ningún deseo de llevar a cabo. A veces, se obedece a ese mensaje lanzado por un sexto sentido y no sucede lo que tanto se temía. Pero en ocasiones, se agradece el aviso.

 


Fue lo que debió sucederle a Thomas Paine. En 1753, siendo un muchacho de 16 años sin porvenir que, trabajaba en una tienda Thetford, Inglaterra, quiso lanzarse a la aventura. Se embarcó en el velero Terrible, que zarparía rumbo al nuevo mundo. Su padre se enteró y corrió a buscarlo para llevarlo de nuevo a la tienda. Estaba seguro que no había llegado aún para su hijo el momento de emprender un viaje. Poco más tarde se enteraría de que el barco se fue a pique, pareciendo todos sus tripulantes.

 Años más tarde se cumplió el deseo de Thomas de viajar a América, donde fue uno de los creadores de la revolución norteamericana de Independencia y colaboró en la redacción de acta de Independencia, mientras en su patria lo declaraban traidor y muchas cosas más. En 1790 fue a vivir a París y en 1797 decidió abordar un navío en El Havre para regresar a Norteamérica. En el último minuto, un vago presentimiento le aconsejo desistir de hacerlo. Supo más tarde que espías británicos apostados en El Havre habían dado aviso a la flota que apresara el barco y se apoderase de su persona. Paine volvió escapara a la muerte. La llegó de verdad para él en 1809, encontrándose en Nueva York.

Sofía Lorens, a quien se ha acusado en acasiones de ser medio bruja, contaba que en cierta ocasión un presentimiento le sugirió cancelar su aparición en un baile de beneficencia a celebrar en Bruselas. Su lugar fue ocupado por Marcella Mariana, Miss Italia. El avión se estrelló a su regreso y murieron sus ocupantes, incluyendo a la hermosa joven que había sustituido a la actriz.

 A fines de 1983, la prensa canadiense informó sobre el claro caso de premonición que salvó la vida Matthew, un joven de 20 años. Su amiga Lisa, de 17 años, sintió de repente la necesidad de sacarlo fuera de la cabaña donde dormía, a pesar de ser media noche pasada. Dos horas más tarde se declaró un incendio y la cabaña ardió rápidamente.

 Cuando viajaba en su automóvil de los Angeles a san Francisco en compañía de su esposa, en 1940, James Cagney oyó una voz que le pedía tomar las cosas con calma, pues corría por la carretera a 85 km por hora. Era una velocidad exagerada en aquellos tiempos. Soltó el pie del acelerador, creyendo que su mujer le estaba hablando. Ella lo miró y dijo: “¿También tu lo oíste?” el actor aceleró de nuevo, para ver que sucedía, pero regresó la misma vos, con el mismo aviso. Cagney reconoció la voz de su padre. Unos Kilómetros más lejos encontraron un enorme camión volcado, atravesado en la carretera. De haber mantenido la velocidad, el auto hubiera chocado contra el camión.

 Ray Linnen, de Wichita, Kansas, de 68 años de edad, escapo de morir una docena de veces, por una afortunada casualidad. A la edad de 20 trabajaba en una refinería cuando su relevo llegó antes de la hora y le dijo que podía irse a su casa. Minutos después se producía una explosión y el hombre que llegó demasiado pronto a su trabajo murió. Linnen tenía 43 años cuando trabajaba en un pozo de petróleo en el sur de Kansas. Pensaba detenerse a tomar un helado camino de su casa, pero un presentimiento le hizo seguir adelante. El tornado más violento conocido en todo Kansas surgió de repente y destruyó la tienda de helados, matando a las siete personas que saboreaban, así como a otras 73 que no se encontraban aún en su casa.

 Durante su luna de miel, cuando acababa de cumplir 25 años, cruzó un puente en Colorado, durante una tormenta. Se encontraba en el otro lado, a salvo, cuando el puente de desplomó. Tres días después dejaron de funcionar los frenos de su automóvil, en una carretera recta. Pudo detener el vehículo dejando que perdiera velocidad. En 1970 organizó un vuelo chárter para un grupo de excursionistas. Con ellos se ganó un asiento gratis, pero se entretuvo y llegó tarde al aeropuerto. El avión había despegado. Se estrelló minutos más tarde, pereciendo los 31 pasajeros y la tripulación. Poco tiempo después perdió otro vuelo que resultó fatal. La aeronave se estrelló en las Rocosas. Se ignora que fue de Ray a partir del último salvamento.

 Los sueños proféticos, han salvado muchas vidas

Si los presentimientos o premoniciones se toman a veces a la ligera, no sucede lo mismo con los sueños anunciadores de calamidades. A veces se siguen al pie de la letra y nadie se arrepiente de ello, pero puede suceder que no atender al aviso signifique un serio disgusto para aquel que no creyó en él. Fue lo que sucedió con un sueño relacionado con Julio César, que ha sido ampliamente difundido por los libros que presentan todo género de hechos insólitos.

 Contaba el romano Tácito el sueño que tuvo una noche Calpurnia, mujer de Julio César, la víspera de los Idus de Marzo. Vio derrumbarse el tejado de su casa u abrirse y cerrarse estrepitosamente las puertas. Y de repente, la mujer se encontró sosteniendo en su regazo el cuerpo cosido a puñaladas de su esposo. La agitada mujer estaba segura de algo espantoso iba a suceder y así se lo hizo saber al César, que se negó a escuchar tan sabio consejo y acudió a su cita con el destino. ¿Estaba la mujer enterada de algo que se tramaba y quiso avisar a su esposo de alguna forma que saliera de lo normal? En cuanto a Tácito, nada inventó. No tenía por qué andar contando estas historias para conseguir más lectores. Tenía fama de hombre serio.

 El joven Antonio Rocchi que vivía en Roma, soñó una noche de abril de 1973 que veía a su padre ahogarse en un lecho de fango cercano a su casa de Isola Sacra. Se levantó de inmediato de la cama y corrió al canal. Encontró la motocicleta de su padre hundida en el fango. Llamó a la policía, pero cuando fueron a rescatar a Domenico Rocchi, estaba muerto.

 La noche del 3 de octubre de 1781, el reverendo John Coleridge, padre del poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, soñó que se moría cuando regresaba a Londres desde el puerto de Prymounth, adonde había conducido a su hijo Francis para ingresar éste en un barco escuela. Al día siguiente volvió a su casa y contó el extraño sueño. Fue a acostarse de buen humor, pero a media noche le acometió un fuerte cólico. Su mujer le preparó una tisana, pero el hombre no terminó de beberla. Dejó escapar un sordo lamento y murió.

 En 1932 cuando dominaba Mussolini en Italia, Michelino Toia abandonó su casa de Estados Unidos, donde vivía hacía 35 años, para vender en Italia un terreno que acababa de heredar. Tres días más tarde, su hija Rosa se levantó temprano, según era en ella costumbre, y al abrir la puerta de la cocina se encontró con el espectáculo más horroroso de su vida: vio un ataúd de madera, pintado de gris. Estaba abierto y dentro se encontraba su padre la joven pensó en su padre, que en aquél momento navegaba rumbo a su tierra.

 La misma noche soñó que su hermana le mostraba una carta anunciando la muerte de Michelino Toia. La carta estaba fechada en Gezzeria, en Calabria, donde había nacido el padre. Decía que había sido asesinado. La joven despertó asustada. Contó su sueño al esposo cuando llegó de su trabajo y convinieron en contarle todo a la madre. Todos lo tomaron en broma menos la madre. Al cabo de un tiempo llegó una carta del cónsul norteamericano en Reggio Calabria diciendo que Michelino había sido detenido por soldados fascistas que lo acusaron de espía. Como el hombre protestara indignado, los soldados se enfurecieron también. Terminaba diciendo el cónsul que Michelino Toia cayó accidentalmente del segundo piso del edificio adonde había sido conducido y murió en el acto. Como nadie pudo pagar el entierro, fue echado a la fosa común. Lo lamentaba muchísimo.

Paul Linscott, de 31 años, soñó la noche del 5 de octubre de 1973 que una joven enfermera era golpeada y muerta. Fue a informar a la policía de lo que vio en sueños, pero fue acusado entonces del asesinato de Karen Anne Phillips, enfermera de 24 años muerta a golpes dos días antes. Paul Linscott fue condenado a 40 años de prisión. Se reabrió el caso a los 3 años, gracias a la intervención del abogado. El juez declaró que el caso era enteramente circunstancial y que no podía condenarse a nadie por haber visto en sueños un asesinato. ¿Soñó de verdad Paul el crimen o lo cometió en estado sonambúlico y no recordaba haberlo cometido?

El 6 de diciembre de 1887, Frederick Lane acudió sobresaltado al teatro Adelphi, en Londres, decidió tener una entrevista con la actriz Frances Olive Haygate. Una vez ante ella le dijo que había visto en sueños como asestaban una puñalada en el pecho al actor William Terriss. Como la actriz creyera ebrio a Lane se rió de él y lo mismo hicieron las personas a quienes relató su sueño. Todo el día anduvo el joven Lane preocupado. Cuando llego la hora de comenzar la función, Terriss bajo a su carruaje para entrar en el teatro. Un hombre surgió de las sombras, con expresión de loco empuñando un puñal, y lo clavó en el pecho del actor.

El viernes anterior a la Navidad de 1981 un tendero de Miami llamado Rafael González soñó que era asesinado por su antiguo empleado, Roberto Álvarez.  Contó el sueño a sus amistades. El siguiente miércoles un cliente halló cerrada la puerta de la tienda y sangre en el suelo. Acudió a la policía y halló a González muerto de un tiro. Escucharon los agentes la historia del sueño y aunque no tenía demasiada fe en el cuento, fueron en busca de Álvarez. El laboratorio identificó sus huellas: estaban en la caja registradora. Álvarez se vio obligado a confesar su crimen.

La lista de sueños con el final trágico es larga

Los esposos James y Bertha Johnson desaparecieron en noviembre de 1950, en un bosque de Manitoba, Canadá, en medio de una intensa nevada. No se supo más de ellos hasta junio del siguiente año, cuando el trampero de 75 años Donald McLeod llegó a la comisaría de policía a contar algo sumamente extraño. A pesar de no conocer a la pareja soñó con ellos y los vio en su canoa. Habían sido muertos a tiros, explicó, y señaló a continuación el lugar donde sucedió el crimen y donde podrían hallarse los cuerpos. El padre de Bertha y su amigo Ted Larson dieron con la canoa y los cuerpos, a orillas de un lago, junto con un rifle calibre 22. Solo quedaban de ellos los huesos. El resto había sido devorado por las bestias salvajes. McLeod no supo decir nada sobre el asesino de la pareja.

 

En el verano de 1912, Luis Torralba de Linares tuvo un sueño fatídico en su hacienda de Santa Candelaria, unos 200 kilómetros al oeste de Lampazo, pueblecito minero situado en el norte de México. Se encontraba en un corral viendo a sus peones toreando. Entre los espectadores estaba su hija Carmelita, de 16 años, sentada en la barda. El toro arremetió de improviso contra la barda con tal violencia que la joven cayó dentro del corral y el toro la mató de una cornada. Al despertar, don Luis preguntó por su hija. Su esposa María lo miró, extrañada. ¿No recordaba que había ido a pasar unos días con sus amigos los Fernández en Lampazo? El hacendado pidió su vehículo para ir en busca de su hija. En el camino se encontró con un jinete que llegaba galopando, terriblemente alterado. Informó al infortunado Torralba que su hija acababa de ser muerta de un tiro en el pecho que le disparó un sujeto conocido como el chino, quien andaba enamorado de ella. La mató de puro despecho, al verse rechazado en su galanteo, y se suicidó después.

 

En octubre de 1965, Abe Rose, que tenía un negocio en Chicago, aceptó como socio en su empresa a Harold Gold. Poco después soñó que su socio le robaba una suma importante, lo cual sucedió antes de que transcurriera un año. ¿Fue un sencillo presentimiento o Rose sintió desde el principio una instintiva desconfianza hacia Gold? Por fortuna para él, no fue asesinado no en sueños ni en realidad.

De acuerdo con los psiquiatras, el consciente suele verse distraído por una serie de elementos psicológicos estáticos, como son el miedo, la vanidad, los prejuicios, la excesiva concentración. Tales elementos pueden interferir con la observación clara y el juicio sereno, pero durante el suelo desaparecen y pueden formar el subconsciente opiniones más sensatas. Es decir, que cualquier individuo puede saber entonces más de lo que creía saber. Un individuo que había soñado que sufriría un ataque de parálisis, vino a sufrirlo meses después. Lo que sucedió en realidad fue que en sueños tuvo un ataque sin importancia, pero suficiente para poner sobre aviso al inconsciente.

Catástrofes vistas durante el sueño

Durante las diez noches que procedieron al 25 de mayo de 1979, David Both, que vivía en Cincinnati, tuvo el mismo sueño: un avión DC-10 de American Airlines se desplomaba en un aeropuerto, muriendo todos sus tripulantes, más del centenar. Hablo con las autoridades del aeropuerto, que turnaron el asunto a las oficinas de Aviación Civil, en Atlanta. Both habló también con la gente de la empresa American Airlines. No hicieron maldito caso. Días después ocurriría el accidente, pero no en Cincinnati, sino en el aeropuerto de Chicago, situado en escasa distancia.

A fines de 1972, Harold Michaels, administrador del Hospital Alameda, cercano a San Francisco, California, soñó que no tardaría en estrellarse un avión en la isla donde se encuentra el hospital. Comenzó a prepararse para atender a las víctimas del siniestro. El 7 de febrero de 1973, un jet de la armada cayó a cinco calles del hospital. Este se encontraba preparado para llevar auxilio a los accidentados. No faltó material quirúrgico de curación. Gracias al curioso sueño, no hubo que lamentar demasiadas víctimas.

La prensa Toton, en Idaho, se derrumbó el 5 de junio de 1976 causando una inundación y 11 muertos. La Dra. Lucille Wood-Trost realizó una investigación sobre posibles premoniciones del desastre. Halló 18 casos, entre los que destacaron los siguientes: una mujer de 25 años soñó tres noches seguidas que sobrevenía la catástrofe. Describió el sueño a su esposo el día antes del accidente. Una señora que vivía en el estado de Texas soñó, horas antes, que visitaba a su hermano en Idaho que al pasar por el río Snake creció el caudal de éste, tal como sucedería poco después. Casi todos los casos fueron protagonizaron por mujeres.  ¿Acaso sus facultades clarividentes están más desarrolladas que en los hombres?

Jhon Arthur Taylor, que vivía en Stacksteads, en Lancashire, tuvo un extraño sueño en la noche del 20 de octubre de 1965: sobre un fondo negro vio escrito con letras de fuego la palabra “Aberfan”, que no tenía ningún significado para él. El 13 del mismo mes, Alexander Venn, de Combe Martin, en Devon tuvo un extraño presentimiento. Quiso concretar sus inquietudes en una tela, porque le agradaba pintar, pero solo pudo pensar en carbón y en negrura, y terminó dibujando un rostro atormentado en el centro de la tela ennegrecido. Y Mónica McBean, quien vivía en Woking, en Surrey, se sintió indispuesta en la mañana del 21. En cuanto cerraba los ojos veía una montaña que se movía y terminaba por aplastar a unos niños.

En aquél preciso instante, una colina de residuos, en una mina ubicada en Aberfan, en el país de Gales, se deslizó hacía abajo y sepultó una escuela y una docena de casas. Perecieron en el accidente 144 vecinos del pueblo, entre hombres, mujeres y niños. En especial niños. Un psiquiatra inglés reunió 172 respuestas a las preguntas hechas por conductos de la prensa.

A veces, los sueños resultan positivos


 No siempre se presentan los sueños adoptando tonos dramáticos. En ciertas ocasiones han resuelto pequeños problemas que parecían no tener solución. A fines del siglo XVIII, James Watts –a quien se conoce como inventor de la primera máquina de vapor que abrió la puerta a la revolución industrial- había recibido el encargo de fabricar un tipo de municiones para escopeta. El plomo se alargaba y se cortaba en pedazos, lo cual convertía el proceso en una operación demasiado cara. Durante una semana, el ingeniero escocés tuvo el mismo sueño, todas las noches: caminaba bajo la lluvia, pero en lugar de caer sobre él las gotas de agua recibía perdigones de plomo que se amontonaban a sus pies. Hallo así la idea para fabricar los perdigones a más bajo precio. Dejaba caer el plomo desde una altura considerable sobre un tanque de agua. El plomo se dividía entonces en diminutas bolitas al entrar en contacto con el agua.

Por otra parte, diversos autores aficionados al espiritismo o a la parapsicología han declarado que escribieron una obra de gracia a los sueños que tuvieron. Fue lo que sucedió con harriet Beeher Stowe, cuya Cabaña del Tío Tom resultó de una serie de visiones nocturnas. La novela del Dr. Jekyll y Mr. Hyde vio también la luz de resultas de un sueño que tuvo Robert Louis Stevenson. George Bernard Shaw creó su Juana de Arco gracias a la participación de la propia santa, que supo cuidarlo por la noche. Decía este literato que se consideraba a sí mismo un médium. Pero dado su gran sentido del humor, puede pensarse que sólo estaba bromeando. Lo que sí puede afirmarse acerca de la utilidad de los sueños, es que existe una gran verdad en la conseja popular de “es bueno consultar con la almohada”.

Un niño que murió en un incendio en 1932, se presentó en sueños ante su tío Henry Sims, de 72 años, en 1978, cuando dormía en su casa de Hialeah Heights, Florida. El niño – que de seguir viviendo sería cincuentón bien conservado- se dirigió al tío por su nombre, varias veces, hasta que el anciano despertó. Llegó entonces a él un fuerte olor de humo. Se levantó gritando y despertó a su hija y a sus cinco nietos y pudieron abandonar la casa a tiempo.

El poeta Heinrich Josef von Collin murió en Viena en 1811 debiendo 120 florines a un amigo suyo de apellido Hartmann, con lo que le causó un grave perjuicio. Una noche soñó este hombre que se le aparecía von Collin y le sugería colocar dos florines al número once de la lotería. Hartmann ganó así la cantidad exacta de 120 florines, que creía perdida para siempre.

Un día de diciembre de 1984, Mario Angelucci, de 67 años, hacía obras en su casita de Florencia cuando halló una lagartija de dos colas que tomo como un buen augurio. La misma noche soñó que unos soldados de la Roma imperial pasaban cerca de su morada y le aconsejaban escarbar a 15 pasos detrás de su casa. La mañana siguiente, Angelucci agarró una pala y se dirigió al lugar indicado en el sueño. No tardó en encontrar un arcón lleno de viejas monedas romanas, valoradas en 50.000 dólares. No regaló la lagartija de dos colas al zoológico, sino que la conservó a su lado y la alimentó lo mejor que pudo.

En noviembre de 1911, N. L. Freeman soñó que visitaba la ciudad inglesa de Lincoln, viaje que llevaría a cabo en marzo del siguiente año. Estuvo en la catedral y acudió a las carreras de caballos, a pesar de que jamás había sentido interés por las apuestas. Preguntó a un señor si había comenzado la carrera principal y supo así que había sido ganada por Outram. Al despertar, comentó el sueño con unos amigos y se enteró de la existencia de un caballo de ese nombre. El Lincoln Handicap tuvo lugar, en efecto, en la fecha soñada, marzo de 1912, y fue ganado por aquel caballo. Pero al Sr. Freeman se le olvidó apostar por el ganador.

La policía descubrió el 15 de junio de 1988, un automóvil cerca de un acantilado de 60m metros, en Nueva jersey, con el cuerpo sin vida de la joven de 23 años Cheryl Gabriele. Se dictaminó suicidio, o tal vez accidente. Días más tarde, la familia de Cheryl fue a pasar una temporada a Weeki Wachee en la Florida. Una noche, el padre de la joven, Michael Gabriele, vio a su hija que le sugería comprar un número de la lotería estatal. El hombre siguió el consejo recibido en sueños y ganó diez millones de dólares.

En 1740, Thomas Shubrick era capitán de un mercante que hacía el trayecto de Londres a Charleston, Carolina del Sur, y regresó. Habiendo zarpado de este segundo puerto, se desató una fuerte tormenta. La misma noche, la esposa de un amigo del capitán de apellido Wragg, soñó que veía al capitán Shubrick flotanro en el océano aferrado a unas tablas. Se impresionó tanto con el sueño que pidió a su esposo que abordase una embarcación para ir a salvarlo. El bote regresó sin encontrar nada. Volvió a soñar la mujer y de nuevo pidió a su esposo volverlo a intentar. Tampoco tuvo éxito. Hubo un tercer sueño y el marido, cansado de tantos intentos fallidos, hizo oídos sordos a su mujer. Pero tanto insistió ella que Wragg, que era un bendito, se animó finalmente a hacer su último intento. Halló entonces algo que flotaba a la deriva. Era el capitán Shubrick y un marinero, exhaustos, pero con energías suficientes para seguir agarrados a unas tablas del barco destruido por la tempestad.

En 1963 zarpó del puerto de Liverpool, rumbo a Nueva York, el City of Limerick. A la mitad de la travesía se vio envuelto en una espantosa tormenta. Viajaba en aquel barco cierto Mr. Wilmot, que compartía el camarote con un tal Mr. Tait. Una noche soñó con su mujer. La vio abriendo la puerta del camarote. Se aproximó a él después de mirar al otro pasajero y lo besó, después se fue. Al despertar, vio ante el rostro escandalizado de Mr. Tait. No le agradó la visita que vino a verlo la noche pasada. Y describió a la señora le preguntó a Wilmot si no había tenido una extraña visión en la madrugada. Añadió que había visto un hombre acostado en una litera, que no dejó de observarla, indignado.

Nace era de los detectives psíquicos


El creador de esta curiosa modalidad para atrapar a los criminales fue un holandés de nombre Peter Hurkos -en realidad, se llamaba van der Hurk-, nacido en Dordrecht, que en junio de 1943 cayó desde un andamio cuando trabajaba como albañil en un campo de prisioneros en la Holanda ocupada por los alemanes. Al recobrar el conocimiento en el hospital de Zuidwal, miró a su vecino de cama y le censuro por haber robado a su propia madre. El hombre miró asustado a Peter y abandonó la cama y el lugar. Algo extraño había sucedido en el cerebro de Hurkos. Tal vez interceptó el golpe desconocida de su mente, porque a partir de entonces adquirió un extraño don para ayudar a la policía a hallar a las personas extraviadas. Le bastaba con tener en sus manos un objeto cualquiera perteneciente a quien se trataba de localizar. Descubrió así lo mismo niños que se habían ahogado en los canales de Amsterdam que personas desaparecidas, que habían sido en realidad asesinadas. Y finalmente fue solicitado por la policía de Boston para que atrapara al famoso Estrangulador. En opinión de éste fracaso en su intento, porque el hombre que señalo no era el que les gustaba a ellos, pero en algo contribuyó la visita de Hurkos a Norteamérica: nació una pleyáde de individuos, llamados a sí mismos psíquicos, que se ocuparían de aclarar todo género de crímenes.

El uso de psíquicos para descubrir el paradero de las personas extraviadas ha sido casi siempre incierto, pero se conocen algunos casos en que su intervención resultó todo un éxito. En abril de 1983 se celebraba en Bradenton, Florida, un congreso sobre comunicaciones mental cuando la policía local solicitó su ayuda para localizar a Myrtle Nason, de 56 años, que había desaparecido desde el sábado 6 del mismo mes.

Se ofreció para colaborar con ella Beatrice Lydecken, experta en psicología animal que afirmaba ser capaz de comunicarse con los animales. Se puso en trance y “vio” a la mujer dirigirse a una charca rodeada de maleza, cerca de la cual había un trailer. Beatrice acompañó a los policías hasta llegar al lugar visto por ella. Encontraron en la espesura a Myrtle, inconsciente y deshidratada casi. Conducida al hospital, logro salvar la vida.

El granjero canadiense Angus Tuer, de 33 años, vecino del pueblo de Mitchel, en la provincia de Ontario, desapareció misteriosamente el 9 de diciembre de 1973. Después de buscarlo en vano durante mes y medio, la policía recurrió a la señora Vera McNichol, vecina de Millbank, que tenía fama de clarividente. Afirmo, tras una larga reflexión, que el hombre se había ahogado en un pozo. El 23 de enero siguiente, la policía buscó en un pozo propiedad del desaparecido. Lo halló en el fondo, con un tiro en la cabeza y el cuerpo encadenado.

En St. Louis, Missouri, vive una joven llamada Bevy Jaegger, cuyas facultades psíquicas la condujeron a ayudar a la policía en la solución de diversos casos criminales.  Tal vez el primero fue el de un niño de 6 años llamado Charles Hale, que no regreso a su casa la tarde del miércoles 1° de diciembre de 1971. El padre de Bevy, que pertenecía al cuerpo policíaco, la invito a sujetar una camisa del niño. La joven sintió inundarse su cuerpo de sudor frío. Tuvo la visión de un caserón de tres pisos abandonado. En el suelo, en un charco, vio un niño encogido, calzado un pie y el otro con un calcetín marrón. Le pareció ver cerca un viejo camión y un terreno baldío. Declaro que el niño había sido muerto por un hombre. Se entregó la camisa a otro psíquico al servicio de la policía y su visión coincidió con la de Bevy. Añadió que al lado del niño había una bicicleta. La policía inició la búsqueda de edificios de tres pisos abandonados. Hallaron finalmente uno en donde había una enorme reja con radios, que recordaba una rueda de bicicleta. Pero el niño no estaba en el lugar. Fue a aparecer tres días más tarde en un edificio cercano, faltándole un zapato. Acababa de morir.

En abril de 1983, Mary L. Concett, de 27 años de edad desapareció en una pequeña población de Peoria, Illinois. La psíquica Greta Alexander declaró que el cuerpo sería encontrado cerca de un muelle junto a un puente, no muy lejos de una Iglesia y de un depósito de sal. Añadió que el cuerpo estaba decapitado. El esqueleto de Mary fue a aparecer el 12 de noviembre y pudo ser identificado gracias a su dentadura. La cabeza estaba a dos metros del cuerpo. Sin embargo, Greta nada pudo decir en cuanto a la identidad del asesino.

Giulio Capparelli era en 1975 profesor de matemáticas de la Universidad de Rieti, población cercana a la capital de Italia. Tenía una linda esposa y tres hijos. Se suponía que la mujer era feliz y, sin embargo, un día de verano se tiró desde un puente al río Velino, no antes de dejar una nota de despedida.  El cuerpo no apreció en los siguientes días. Nada permitía pensar que hubiera cumplido su amenaza. Transcurrieron más de tres meses y el profesor escribió a Gérad Croiset, que se había especializado –al igual que Hurkos- en localizar personas desaparecidas. Mando la carta acompañada de una fotografía de su mujer. Croiset contestó poco después, diciendo que se había comunicado con el espíritu de la señora Capparelli. Al caer al agua, explicó, el cuerpo se deslizó río abajo, sumergido, y quedo aprisionado en el interior de una tubería. La policía descubrió la tubería cerca de la empresa Montecatini. Dentro estaba el cuerpo de la mujer. Y así se había suicidado. Tal vez se había cansado del aburrimiento de su esposo.

Tom Basinski, policía de Chula Vista, suburbio de San Diego, en California, conoció en la década de los ´80 a una mujer que afirmó estar en posición de aclarar un crimen por medio de sus facultades psíquicas. Dijo la mujer que la víctima se había llamado en vida Debra y que fue asesinada por un ciclista de baja estatura, feo, lleno de tatuajes y con las uñas muy negras. Gracias a esta información, no tardo en ser detenido el asesino.

El uso de clarividentes para solucionar crímenes aparentemente sin solución ha ido en aumento, lo mismo en Estados Unidos que en otros países del mundo.

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