Parapsicología fenómenos - Profesor Miguel Antonio Ojeda - Instituto CEPE de Argentina
HISTORIA DE LA PARAPSICOLOGIA III
La codificación Kardeciana
Aquellos que, como Rivail, procedían de familias católicas, recibían también instrucción religiosa. Rivail permaneció seis años en Yverdon y esta estancia influencio profundamente el curso de su vida. Pronto decidió convertirse en profesor, para difundir los trabajos de Pestalozzi en Francia, y abrió su propia escuela en Paris en 1826. Para entonces ya había publicado el primero de lo que sería un total de 22 libros de texto sobre gramática francesa, matemáticas y reforma educativa. También inicio una serie de cursos gratuitos sobre ciencias, que mantuvo durante 10 años. Obligado a cerrar su escuela en 1834 por motivos económicos, Rivail tuvo que trabajar como contable para mantener a su familia, aunque continúo dando clases particulares gratuitas en su casa, y a principios de la década de 1850, durante la que su carrera sufriría un cambio radical, era un educador conocido, progresista y libre pensador.
Anna Blackweil, que tradujo alguno de sus libros al inglés, le recordaba “más parecido a un alemán que a un francés”. Era decía, un hombre enérgico y perseverante, pero frío y cerebral, incrédulo por naturaleza y por formación, y un razonador agudo y lógico. Llevaba una vida tranquila y modesta y era muy trabajador, nadie veía en el al futuro fundador de una nueva doctrina espiritualista. Pero en 1848 en los Estados Unidos, habían sucedido unos hechos que iban a cambiar toda la filosofía de Rivail y a influenciar la de millones de otras personas. En el hogar de la familia Fox, las mesas se movían solas y se oían misteriosos golpecitos, que aparentemente provenían de los espíritus de los muertos. Esto significo el surgimiento del movimiento espiritualista, que iba a hacer furor en Paris, así como en otras ciudades europeas. Rivail, a pesar de que sentía interés por todos los temas, se mostró al principio muy escéptico. En uno de sus primeros libros había escrito: “si se han estudiado las ciencias, hay que reírse ante la credulidad supersticiosa de los ignorantes y no es posible creer en fantasmas”, y cuando en 1854, un amigo le dijo que las mesas no solo saltaban, sino que transmitían mensajes de los muertos, Rivail replico: “solo lo creeré cuando lo vea”.
No parece que estuviera ansioso por verlo, porque hasta el año siguiente no asistió a una sesión, donde presencio una demostración de escritura en cesta, una forma primitiva de escritura automática, en la que las manos de los asistentes se colocaban dentro de una cesta, a través de la cual era conducido sin lápiz. “Pude darme cuenta, recordó más adelante, de que había algo serio tras aquella aparente trivialidad, como la revelación de una nueva ley, que decidí investigar a fondo”. Lo hizo sin perder tiempo, y pronto observo que mientras el mensaje recibido en las sesiones era a menudo frívolo, invariablemente adquirían un tono serio cuando se dirigían a él personalmente. Su amigo, al autor teatral, Victorien Sardou, le pidió que revisase unos libros de notas tomadas por el grupo con el que él había estudiado los fenómenos espiritualistas durante cinco años.
Rivail quedo impresionado por la sabiduría y la caridad que emanaban de las comunicaciones serias, y emprendió una intensa serie de sesiones con una médium llamada Japhet, en las que propuso una serie de preguntas para que los espíritus las contestaran. El año siguiente público más de 500 preguntas, respuestas y comentarios personales bajo el título de Le Livre des Espirits, el libro de los espíritus, que reviso y aumento tres años más tarde. Se publicó bajo el nombre de Allan Kardec, un nombre tomado de la ascendencia bretona de Rivail, y que al parecer fue elegido por los propios espíritus. Así, Rivail se convirtió en Kardec, y cuando murió en 1869 había escrito o como él prefería decir, había compilado y ordenado cinco libros y dos monografías, insistiendo en que el contenido principal no provenía de su trabajo, sino del de numerosos espíritus avanzados que se comunicaban a través de diferentes médiums. Sus obras principales fueron: El libro de los espíritus (1857 y 1860), El libro de los médiums (1861), El Evangelio según el espiritismo (1864), Cielo e infierno (1865) y Génesis (1867).
También fundo, edito y escribió gran parte de la revista Revue Spirite, hasta su muerte en 1869. A pesar de su fe inconmovible en la comunicación con los espíritus de los muertos, la filosofía de Kardec no formaba parte de la corriente espiritualista, sino que era, según sus palabras, espiritista. La diferencia era crucial para los seguidores de ambas filosofías, y les condujo por caminos muy distintos. La premisa básica del espiritismo kardeciano es que hay dos mundos que contienen seres materiales e incorpóreos respectivamente. El espíritu es una sustancia formada por materia “quintaesenciada” que esta fuera del alcance de nuestros cinco sentidos normales, que se une con el cuerpo físico mediante un cuerpo intermedio, semimaterial, llamado “periespíritu”. Al nacer, tomamos formas temporales, materiales, y cuando estas son destruidas por la muerte física, el espíritu permanece, para reaparecer quizás en otra reencarnación.
Nuestro propósito es evolucionar hacia la perfección, y nos reencarnamos tan a menudo como sea necesario para lograrlo. Todos somos la suma de lo que hemos sido, lo que hemos hecho o pensado en vidas anteriores, y todo el proceso, según Kardec, no es milagroso ni sobrenatural, sino que es el resultado de leyes naturales e inmutables. Mientras que el espiritualismo, tal como lo veía Kardec, simplemente manifestaba una creencia en algo más allá de la materia, el espiritismo trataba de la relación del mundo material con los espíritus, entidades reales que están siempre en contacto con nosotros.
Kardec, nunca pretendió que fuese una nueva religión, sino una filosofía racional basada en hechos demostrados repetidamente que recuperaba el sentido original de todas las religiones. No pretendía, como alegaban sus críticos, sustituir al cristianismo. “La moral del espiritismo no es diferente de la de Jesús,” escribió, añadiendo que, tal como la enseñanza de Jesús recupero las de Moisés, el espiritismo era una recuperación de principios cristianos básicos que habían sido abandonados por la mayoría de las iglesias establecidas.
“¿Por qué, preguntaba, se practican tan poco las enseñanzas morales de Cristo? ¿y por qué aquellos que proclaman la sublimidad de las mismas son los primeros en transgredir la primera de sus leyes, la de la caridad universal?”. Los libros de Kardec forman el estudio más claro y extenso del mundo invisible escrito hasta el momento. Es interesante compararlos con los escritos de Emanuel Swederiborg y los de Andrew Jackson Davies “el vidente de Poughkeepsie”, cuyo Principios de la naturaleza se publicó en 1847. Aunque los tres profundizaron en un mismo campo, Kardec era el único que no era ni un médium ni un místico, sino un recopilador de escritos salidos de otras manos.
Su propia contribución a estos libros se limita a comentarios sobre el material recibido, y en estos se presenta como un hombre razonable e inteligente. Como el mismo decía: “estudie los hechos con cuidado y perseverancia, los coordine y deduje de ellos sus consecuencias”. Kardec fue uno de los primeros investigadores psíquicos serios, y encontró tiempo además para estudiar fenómenos paranormales de muchos tipos en toda Francia. Veinte años antes de la fundación de la Society for Psychical Research, publico relatos detallados de varios casos excelentes que a menudo olvidan los historiadores.
Escribió extensamente sobre el médium Jean Hillaire, el curandero Jacob el Zuavo, la posesión masiva de la ciudad de Morzine y varios ejemplos de lo que ahora llamamos actividad poltergeist. Mantuvo correspondencia con DD. Home, el psíquico inglés, a quien admiraba mucho, y fue testigo de multitud de fenómenos paranormales, llegando a ver una mesa, de 100 kg., balancearse en un ángulo de 45 grados sobre una sola pata. Pero le interesaban menos estos fenómenos que sus implicaciones. Todo efecto inteligente, argumentaba, debe tener una causa inteligente, y había evidencia más que suficiente a favor de la realidad de la comunicación con los “muertos”. Pero esto no quería decir que hubiera que aceptar todo lo que estos dijeran o escribieran, “no faltan escritores en el mundo invisible, decía, pero, como en la tierra, escasean los buenos”.
Algunos espíritus, comento “saben menos que nosotros en la tierra”. El investigador debía ser “critico y lógico”. Kardec murió mucho antes de la edad de oro de la psicología francesa y de la primera psiquiatría, en la que pioneros como Janet, Charcot y Bernheim proporcionaron un enfoque más clínico para estudiar las anormalidades hasta entonces inexplicadas de la experiencia humana (muchas de las cuales continúan siendo aún hoy un misterio). Se puede creer que, a pesar de su honestidad e inteligencia, fue simplemente engañado por astutos falsos médiums. Pero no parece probable, por dos razones principales. Primera, los fenómenos que explico y las conclusiones a las que llego fueron esencialmente las mismas que las de otros investigadores, algunos de ellos grandes científicos, como Robert Hare en los Estados Unidos o Alfred Rusell Waltace y más adelante Sir William Crookes, en Inglaterra, quienes hubieron de modificar sus creencias a causa de lo que había presenciado. Segunda, tal como insistía el propio Kardec, lo importante era lo que decían los mensajes mejores de los espíritus, no el fenómeno en sí.
El mensaje, de hecho, y no el médium era lo importante. “Pueden reírse de las mesas que se mueven, pero nunca se reirán de la filosofía, la sabiduría y la caridad que emanan de las comunicaciones serias”. Como era de esperar, Kardec no fue muy apreciado por la Iglesia Católica, que incluyo su obra en el Index librorum prohibitorum en 1866, pero aun así el replicaba a menudo con todo detalle a las críticas. Una vez agradeció a un sacerdote haberle atacado “educadamente y en un francés más o menos correcto”, y cuando en 1861 quemaron un montón de obras suyas en Barcelona, comento simplemente, “pueden quemar libros, pero no ideas”. Sus libros se han seguido publicando en varias lenguas, y sus ideas han tenido una influencia considerable en diversos países, especialmente en Brasil, donde el movimiento espiritista pronto gano respetabilidad gracias sobre todo al apoyo del doctor y estadista Adolfo Bezerra de Meneses.
Hoy, las estadísticas estiman que más de 20 millones de brasileños practican el espiritismo, y de acuerdo con insistencia de Kardec en la caridad como su deber primordial, han llevado a cabo algunas de las obras sociales más importantes del mundo. Brasil posee ahora grandes hospitales que combinan el tratamiento médico y el espiritual, orfelinatos, centros de enseñanza para médiums y curanderos y lugares de reunión públicos donde se imparte gratuitamente consejo y cuidados a todo aquel que lo solicita. En uno de ellos, en el centro de Sao Paulo, 200 médiums voluntarios atienden cada día a 1000 personas.
Se han vendido varios millones de ejemplares de los libros de Kardec y de otros inspirados por estos, y el retrato de Kardec ha aparecido tres veces en los sellos brasileños. Este honor habría quizás molestado al hombre que escribió, en la conclusión de El libro de los espíritus: “en que consiste el trabajo especial característico del espiritismo moderno. En hacer un todo coherente de lo que hasta ahora ha estado esparcido, en explicar, en términos claros y precisos, lo que hasta ahora ha estado oscurecido por el lenguaje alegórico, en eliminar los productos de la superstición y de la ignorancia de las creencias humanas, dejando solo lo que es real y verdadero”.
Tipos de mediumnidad: desde el punto de vista de las reacciones del médium, las variaciones individuales de sus tonalidades perceptivas y la profundidad del trance, la facultad puede ser consciente. Ocurre cuando el trance es superficial, no ha alcanzado mucha profundidad, el médium sabe lo que está ocurriendo y al concluir la manifestación recuerda todos sus detalles. Muchas veces sufre un drama íntimo, se siente confundido y duda sobre el origen de los mensajes, ya que no está seguro sobre si provienen de un espíritu o de su propio ser interior, y la duda también se apodera de quienes le acompañan. El mensaje puede ser transmitido en un idioma conocido o desconocido por el médium. También el médium puede en algunas ocasiones adoptar posturas o inflexiones vocales características del espíritu.
Mediumnidad escribiente o psicógrafo: el espíritu comunícate impulsa la mano del médium y va trazando sobre el papel su mensaje. Cuando el médium es totalmente inconsciente de lo que escribe se le llama médium mecánico ya que el espíritu mueve la mano del médium como si fuera una herramienta, aisladas de la conciencia, de la voluntad y del control del médium. La acción del espíritu se ha proyectado directamente sobre la región periespiritual que corresponde al brazo del médium, pasando a tener control sobre sus movimientos. En ocasiones, algunos médiums escriben con las dos manos simultáneamente, dando curso a dos mensajes diferentes provenientes de entidades diferentes.
Mediumnidad vidente: el médium percibe la visión de los espíritus o de elementos pertenecientes a su entorno. El vidente no capta por medio de la visión física, ya que puede hacerlo tanto con los ojos cerrados como abiertos, a plena luz o en absoluta oscuridad. En el análisis de los contenidos que son captados por los videntes, debe tomarse en cuenta que en muchos casos se trata de ideoplastias, pensamientos-formas que son ideados por los espíritus y que deben ser descifrados o interpretados pues son de carácter simbólico. Figuras tales como paisajes, objetos, flores, animales, rostros, los colores en si mismos, son recursos de que se valen los espíritus para ofrecer sutiles recomendaciones.
Mediumnidad auditiva: el médium escucha la voz de los espíritus o diversos sonidos producidos por ellos. Muchas personas poseen esta facultad de oír palabras, ruidos y hasta comunicaciones enteras, transmitidas por los espíritus, al punto de poder seguir una conversación con el ser invisible como si se tratara de un encarnado. Los mediums auditivos confiesan que oyen bajo una forma distinta la voz de los espíritus, afirmando que la voz del encarnado la captan con un aparato auditivo, mientras que la del espíritu la sienten en su interior, como si fuera “dentro de su cerebro”, sugiriendo esto la acción del mediador periespiritual.
Mediumnidad intuitiva: el médium capta en estado consiente las ideas que el espíritu le transmite, sirviéndole de traductor o intérprete, con sus propias palabras. Tiene como variedad, la mediumnidad de inspiración, en la cual es más difícil distinguir las ideas propias del médium de las sugeridas por el espíritu. Entre los conferencistas artistas, escritores y personas sensibles habituadas a la práctica de la meditación es muy frecuente la inspiración, manifestada como sintonía de pensamientos ofrecidos por los espíritus, asi como captaciones no úricas que penetran en otras dimensiones psíquicas, más allá de nuestro espacio y nuestro tiempo, donde fluyen corrientes superiores de pensamientos.
Mediumnidad de efectos físicos: abarca los fenómenos que se traducen en manifestaciones materiales visibles, tangibles, particularmente la formación de cuerpos, aparición de objetos, su modificación estructural o traslado de lugar, por la exteriorización en el médium de una fuerza que obra sobre la materia y la modifica, bajo el influjo de la voluntad de las entidades espirituales que intervienen. Se la ha llamado también mediumnidad objetiva. Estas son sus principales divisiones:
a) mediumnidad de aportes, en la cual los espíritus provocan la penetración de objetos en lugares completamente cerrados, haciendo uso de la energía del médium. Los aportes pueden verificarse en la oscuridad o a plena luz. Algunos han sido bien observados y bien examinados en sesiones experimentales en las cuales se cumplen rigurosas condiciones de control. Ante la vista de los presentes, aparece de pronto un objeto que con anterioridad no se hallaba en el ambiente, no importa la distancia desde la cual haya sido traído ni la naturaleza ni el tamaño del objeto mismo.
b) mediumnidad de materialización: los espíritus se hacen temporalmente tangibles y visibles, en forma parcial o total, adquiriendo los contornos o las formas que tuvieron en vida. También los espíritus pueden aprovechar recursos de la naturaleza, a manera de porciones de energía ectoplasmica provista por los animales, los vegetales y los minerales, las cuales fueron denominadas por Guimaraes Andrade como ectozooplasma, ectofitoplasma y ectomineroplasma.
Mediumnidad de voz directa: los espíritus hacen oír, sin servirse de los órganos de fonación del médium. A solicitud de los espíritus se puede colocar, dentro de la sala en que se realiza la reunión, una corneta, la cual es levitada por la acción espiritual, y valiéndose de ella, se expresan físicamente en forma de voces, las entidades espirituales. Generalmente, los espíritus hablan con su propia voz, la cual es amplificada por la corneta. Algunas veces se manifiestan varias voces al mismo tiempo.
Mediumnidad de levitación: debido a la acción de los espíritus, se produce el alzamiento y suspensión en el aire, de personas, animales u objetos, empleando la energía de los médiums. Cuando ocurre la levitación del médium, este generalmente se encuentra en trance profundo. En algunos casos se han observado formaciones ectoplasmicas luminosas que elevan y sostienen los objetos o seres en el aire, las cuales han sido denominadas “palancas fluiditas”.
Mediumnidad curativa: los espíritus realizan diversas curaciones físicas y psíquicas, valiéndose de médiums especialmente dotados. Esta facultad varía desde el diagnostico, expedición de recetas, aplicaciones magnéticas, alivio de síntomas diversos, hasta las espectaculares intervenciones quirúrgicas, que pueden realizarse a nivel del cuerpo físico y también en el campo periespiritual, desde el cual se refleja a nivel somático, ya que las alteraciones o disfunciones que están ocurriendo en el periespiritu se traducen en enfermedades orgánicas. Existen muchas y variadas formas de curación psíquica, anímica, que no pueden catalogarse de mediumnicas, dado que la energía o los fluidos curativos son proporcionados por el propio sujeto, sin intervención espiritual, tales como la aplicación del magnetismo, las vibraciones mentales para la cura a distancia o el psicodiagnostico paranormal.
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