Parapsicología Historia - Profesor Miguel Antonio Ojeda - Instituto CEPE de Argentina

Historia de la Parapsicología II

LAS HERMANAS FOX


El caso Fox: el movimiento espiritista moderno apareció en un pequeño chalet de madera en el pueblo de Hydesville, en el estado de Nueva York, el 31 de marzo de 1848. Los hermanos Fox eran siete, pero solo tres participaron en los hechos: Leah, que tenía 34 años en 1848, Margaretta, de 14 y Catherine, de 12. El relato definitivo del incidente, que hizo época, lo proporciono la madre cuatro días después de una declaración jurada y ratificada como exacta por su marido. Contó que la casa donde vivían provisionalmente había padecido temblores inexplicables en las paredes y muebles, ruidos de pasos y golpes en las paredes y puertas.

La familia llego “a la conclusión de que la casa debía albergar a algún espíritu inquieto y desgraciado”. Cansada por las molestias, la familia se acostó temprano la noche del viernes 31 de marzo. Margaretta y Catherine, las únicas que vivían aun con sus padres, sentían miedo de los ruidos y se habían instalado en la habitación de sus padres. Sin duda, fue la presencia tranquilizadora de su padre y su madre lo que animo a las chicas a responder con tanto descaro cuando comenzaron los golpeteos. Las niñas oyeron los golpes y trataron de hacer un ruido parecido, chasqueando los dedos. Mi hija menor Cathie dijo: “señor Slipfoot, haga como yo”, golpeando las manos. El sonido dio inmediatamente la misma cantidad de golpes. Cuando ella se detuvo, el sonido ceso un rato. Entonces Margaretta dijo, en broma: “no, haga como yo. Cuente uno, dos, tres, cuatro”, golpeando las manos al mismo tiempo, y los golpeteos volvieron como antes.

De esto pasaron gradualmente a comunicaciones más elaborados, usando un código alfabético por medio del cual se descubrió que los golpes eran obra de un espíritu, finalmente, la entidad se identificó como un buhonero de 31 años que afirmaba haber sido asesinado en esa misma casa y cuyos restos estaban enterrados en el sótano. Acudieron vecinos a verificar lo que ocurría: ellos también escucharon los golpes, hicieron sus propias preguntas y recibieron respuestas. Al día siguiente llegaron más visitantes y por la noche, a petición del espíritu, algunos hombres se pusieron a excavar el sótano, para ver si podían comprobar la historia, desgraciadamente el pozo se llenó de agua y hubo que abandonar el intento. Para la familia Fox, en aquel momento, se trataba de la presencia de un fantasma.


A lo largo de la historia se han dado miles de relatos en que los muertos vuelven a la tierra para transmitir mensajes o advertencias a los vivos, pero en este caso aparecía un nuevo elemento: una conversación entre vivos y muertos. Posteriormente una historiadora del movimiento espiritista, Errima Hardinge Britteni, observo que eso significaba que no solamente el buhonero supuestamente asesinado, sino legiones de espíritus, buenos y malos, encumbrados e inferiores, podían comunicarse con la tierra en ciertas condiciones incomprensibles para los mortales.

Al principio nadie entendió esas sutilezas, pero estaba claro que las hermanas Fox, de alguna manera, estaban dotadas para recibir esas comunicaciones, los golpeteos solo se presentaban en su presencia y, además, ocurrían donde fueran ellas. Como sus vidas habían sido trastornadas por la publicidad, las niñas y su madre se marcharon de Hydesville, se instalaron en casa de la hermana mayor Leah en Rochester, pero los golpeteos viajaron con ellas.

 Una y otra vez los mensajes insistían: “habéis sido elegidas para comparecer ante el mundo y convencer a los escépticos de la gran verdad de la inmortalidad”. Las cosas avanzaron con extraordinaria rapidez. Mientras ellas vivían con su hermana Leah, en Rochester, los espíritus explicaron a las chicas que debían alquilar el salón más grande de la ciudad y dar una demostración de sus poderes: lo hicieron el 14 de noviembre de 1848. Ahora por fin todo el asunto había salido a la luz y pronto se vio que la opinión publica estaba claramente dividida entre los adherentes entusiastas que habían estado esperando una revelación de este tipo y los escépticos, no menos decididos, que veían estas manifestaciones como una impostura en el mejor de los casos y como obra del demonio en el peor de los casos. Las emociones estaban exacerbadas. Las chicas fueron ridiculizadas y sufrieron con frecuencia agresiones físicas, hasta se atentó contra sus vidas.

Cuando un comité investigo los fenómenos y no pudo encontrar pruebas de superchería, sus conclusiones fueron ignoradas y se nombró un segundo comité, más severo. Cuando este también informo que no había encontrado prueba de engaño, los enemigos de las chicas se enfadaron aún más. Las hermanas Fox no podían llevar una vida normal. Se marcharon de Rochester a Troy, después a Albany, capital del estado, y finalmente a Nueva York, donde llegaron en junio de 1850. A esas alturas habían aparecido otros médiums que pretendían emular a las hermanas Fox, pero ninguno amenazo su preeminencia. Los fenómenos evolucionaron desde las preguntas y respuestas por medio de golpes hasta la escritura automática y las manifestaciones en voz alta, culminando en la comunicación oral, en la que los espíritus se apoderaban de los médiums.

Los mensajes eran acompañados por todo tipo de manifestaciones físicas: movimientos de muebles, teleportaciones, levitaciones de los asistentes o de la médium, toda clase de ruidos y una amplia variedad de fenómenos luminosos. Una y otra vez, las hermanas fueron puestas a prueba, con más severidad cuando Kate se sometió a las investigaciones de William Crookes mientras visitaba Inglaterra. Crookes dio fe de su autenticidad con persuasiva insistencia. Pero no todos estaban tan convencidos. Desde el principio, los escépticos afirmaron que las hermanas hacían trampa. Nunca lograron demostrar sus afirmaciones, y las explicaciones que proponían eran, en general totalmente inadecuadas. Pero sus teorías iban a recibir un inesperado apoyo, primeramente, de la familia de las hermanas Fox y después de las mismas médiums. Tres años después de aquellos acontecimientos que marcaron época, ocurridos el 17 de abril de 1851 en casa de la familia Fox, en Hydesville, una tal señora Culver hizo unas declaraciones en Arcadia (Nueva York) que causaron gran revuelo. Estaba emparentada con los Fox, ya que la hermana de su marido era la esposa de David, hermano de las Fox. Declaro que durante dos años había creído sinceramente en la comunicación por golpeteos, sin embargo, algo que vi en una visita que hice a las hermanas me hizo sospechar que hacían trampa.

Decidí que de alguna manera debía salir de dudas, y algún tiempo después me ofrecí a Catherine para ayudarla en sus demostraciones. Catherine, al parecer, acepto de buen grado su ofrecimiento, y pase a enseñarle como se hacían los trucos: los golpes se producen con las puntas de los pies. Hay que utilizar todos los dedos. Después de practicar durante casi una semana, con Catherine al lado enseñándome, también yo fui capaz de producir estos golpes. Hoy en día es imposible averiguar cuál fue el motivo de la revelación de la señora Culver. Puede que se tratara simplemente de amor a la verdad, o que hubiera de por medio una cuestión de celos. A primera vista su revelación no parece que pueda explicar todos los fenómenos relacionados con las hermanas Fox. Por otro lado, es un hecho que se observó y examino una y otra vez a las hermanas y que nunca fueron descubiertas en flagrante impostura. 


Tal como señalo su defensor, Horace Greely, editor del diario Tribune, era en efecto, posible que muchas cosas de las que ellas realizaban las pudiera hacer también un mago en el escenario.

Sin embargo, estos eran artistas profesionales con experiencia, y en cambio las dos niñas no poseían las mismas habilidades que ellos, ni estaban entrenadas. Sin embargo, los razonamientos de sus defensores y los resultados favorables de las investigaciones fueron olvidados cuando el 24 de septiembre de 1888 Margaretta (entonces señora Kane) comunico a un periodista del New York Herald que tenía la intención de revelar que su actuación como médium había sido un engaño desde el principio hasta el fin. Su hermana menor, Catherine (entonces señora Jencken) acudió desde Inglaterra para apoyarla. El 21 de octubre se congrego en la Academia de la Música de New York una gran multitud que quería oír la confesión: estoy aquí esta noche para denunciar, como una de las fundadoras del espiritismo, que todo ha sido un engaño desde el principio al fin, que se trata de la más absurda de las supersticiones, la más vil blasfemia conocida en el mundo.

 El diario describió la reacción: “se produjo un terrible silencio. Todos sabían que se encontraban ante la principal responsable del espiritismo, su fundadora, su más alta sacerdotisa y médium. Se puso de pie sobre una pequeña mesa de pino, calzada solo con medias. Mientras ella se mantenía inmóvil pudieron oírse diversos golpes fuertes, tan pronto en las bambalinas, como detrás del escenario o en el pasillo. La señora Kane se excito. Comenzó a dar palmadas, a bailar y chillo. Es un engaño. El espiritismo ha sido desde el principio al fin una farsa. No es más que un truco. No hay nada de verdad en ello”. Siguió un torrente de aplausos. Ese hubiera debido ser el golpe mortal al movimiento de cuyo nacimiento Margaretta era responsable. No obstante, pese a que la mayoría de los presentes quedaran convencidos, otros no, y sus reservas se vieron justificadas al cabo de un año, cuando Catherine primero y Margaretta después se retractaron de su confesión. Margaretta recalco que todo lo que habia dicho en contra del espiritismo era absolutamente falso. Se negó a decir quienes la presionaron, pero menciono que “altas jerarquías de la Iglesia Católica hicieron todo lo que pudieron para que entrara en un convento”. De hecho, se había convertido al catolicismo poco después de la muerte de su marido.

También culpo a su hermana Leah, acusándola de haberlas arrastrado a ella y a Catherine en ese asunto. Pudo muy bien ser que Leah animara a sus hermanas menores y que siendo la que tenía más sentido práctico y visión del futuro, tomara la decisión de embarcarse las tres en un tipo de vida en el que el stress emocional y social era inevitable. No obstante, nunca anteriormente sus hermanas habían mostrado resentimiento. ¿Cuál era pues la verdad que se escondía detrás de la confesión y posterior retractación? Indudablemente, si Margaretta era capaz de producir sobre el escenario golpes simulados, demostrando así sus facultades para engañar al público, hay motivos más que suficientes para pensar que también utilizo estos trucos durante sus actuaciones como médium.

La sospecha de que, al menos algunas veces, hacia trampa fue confirmada por una fuente inesperada: su marido. El explorador del Ártico Elisha Kent Kane se había enamorado de Margaretta cuando esta contaba solo 13 años de edad. En contra de la voluntad de su familia la estuvo cortejando durante tres años, hasta que finalmente se casó con ella. A su muerte, Margaretta publico las cartas y versos que el había escrito durante aquellos años. Contenían abundantes pruebas de que su marido creía que hacia trampas. “Oh, Maggie, escribió en una carta, ¿no te cansas nunca de esta monotonía sin fin de continuos engaños? Y en otra: no puedo soportar el pensar que estas enredada en un asunto de maldad y engaño”. El hecho de que Margaretta autorizara la publicación de estos documentos acusatorios sugiere que era consciente de haber estado empleando trucos. Sin embargo, si aceptamos la declaración hecha en 1888 de que todo fue un engaño desde el principio al final, nos encontramos casi con tantas cuestiones por resolver como si aceptamos que todo es verídico.


Una de las personas más famosas que se sentaron junto a las hermanas Fox fue la cantante Jenny Lind, que distinguió entre los fenómenos físicos y mentales: “aunque vosotras fuerais capaces de producir estos sonidos, es imposible que contestéis las preguntas que me han sido contestadas esta noche.” Nos han quedado docenas de testimonios contemporáneos de gente convencida, a menudo en contra de su escepticismo inicial de las cualidades psíquicas de las hermanas Fox. Esto no significa que las actuaciones de las hermanas se aceptaran como lo que pretendían ser.

Muchas personas entre ellas, Horace Greeley, admitían la veracidad del fenómeno como tal, pero mantenían una opinión más abierta con respecto a su naturaleza. Sea cual sea el origen o la causa de los golpeteos, lo que es un hecho es que las señoritas en cuya presencia se dan estos ruidos no los producen. Las señoritas afirman haber sido informadas de que esto no es más que el comienzo de una nueva era, en la cual los espíritus encarnados estarán más estrecha y claramente conectados con aquellos que han adquirido inmortalidad. De todo esto no sabemos nada, ni podemos aventurar nada. Pero si nos limitáramos a escribir las preguntas que hicimos y las respuestas que obtuvimos durante una sesión, se nos acusaría de haberlo hecho adrede para apoyar la teoría que considera estos fenómenos como manifestaciones de espíritus difuntos.

Parece razonable atribuir las confesiones de las dos hermanas menores a los avatares de su vida personal: ambas eran aun colegialas cuando todo comenzó, ambas habían sido catapultadas desde un oscuro medio rural hasta una posición prominente en una de las ciudades más grandes del mundo. El trágico fin de la romántica historia de amor de Margaretta hubiera desequilibrado a cualquier muchacha menos vulnerable. Margaretta se dio a la bebida y a la droga, como había hecho su hermana antes de casarse con el abogado Henry Jencken. A pesar de que este matrimonio le dio dos hijos, termino también con la temprana e inesperada muerte de su marido. En estas circunstancias, y quizás influenciadas también por los enemigos del espiritismo, no es de extrañar que las dos hermanas, ninguna de las cuales fue nunca muy inteligente, llegaran a un estado de confusión en el que la verdad y la falsedad se confundían.

En 1904, cuando todas las hermanas Fox habían muerto, una de las paredes de su vieja casa de Hydesville se derrumbó. Entre las ruinas se encontró restos de un cadáver. Fue imposible identificar a quien había pertenecido el cuerpo. Sin embargo, constituye una curiosa afirmación del mensaje que habían recibido las hermanas Fox medio siglo antes.

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