Parapsicología Historia I - Profesor Miguel Antonio Ojeda - Instituto CEPE de Argentina

 HISTORIA DE LA PARAPSICOLOGIA I


Aunque la palabra parapsicología sugiere la existencia de un campo de investigación que existe “al lado de la psicología”, su estudio no se relaciona únicamente con ella, sino también, con la religión y con la antropología, la física y otras materias. La historia de la parapsicología puede dividirse en tres periodos: el primero desde la prehistoria hasta fines del siglo XIX, el segundo abarca las tres últimas décadas del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, y el tercero, finalmente, el periodo actual.

Esta tendencia se agudizo a fines de 1920 y comienzos de 1930, y las pruebas de laboratorio relacionadas con la PES se extendieron a la precognición y la PK. El trabajo de laboratorio iniciado durante este periodo (Rhine) estableció las bases para los esfuerzos posteriores destinados a ampliar el campo de la investigación y vincular la parapsicología con estudios y conceptos que se ha desarrollado últimamente en otras disciplinas científicas.

Etapa Mágica: de la antigüedad al siglo XVIII


Algunos conceptos, tales como los que mencionan la actividad de la mente sobre la materia, el poder del pensamiento, la vida después de la muerte y la clarividencia son anteriores a las primeras manifestaciones de las civilizaciones de Asia y de Babilonia. Las especulaciones religioso-filosóficos de la antigua China, vinculadas siempre al culto de los antepasados, se asemejan mucho a las practicas prehistóricas del Cercano Oriente. El surgimiento de la ciencia moderna y el consiguiente cuestionamiento de las tradiciones religiosas, Darwin, hizo que se llevaran a cabo una serie de intentos destinados a encontrar un vínculo entre la investigación científica y la religión (Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres). Esta investigación, que comenzó con el estudio de las sesiones de los médiums, llego, más tarde a conclusiones que sugerían que lo que estaba en juego no era la comunicación con los entes desencarnados sino manifestaciones de clarividencia y/o telepatía.

Su historia es muy similar a la de la civilización humana, especialmente la de los países occidentales. Sus raíces arraigan también, muy firmemente, en la prehistoria de otras sociedades, especialmente la de los países occidentales. Sus raíces arraigan también, muy firmemente, en la prehistoria de otras sociedades, especialmente en la de la antigua China. Así como las ciencias naturales deben mucho a las esperanzas, métodos, ilusiones, y ambiciones de los alquimistas y de la misma manera que la medicina y la psicología modernas están en deuda con los conocimientos e ideas de los herboristas y chamanes, la parapsicología moderna se ha construido sobre las bases religioso-culturales creadas por las civilizaciones primitivas y que, en cierta medida, continúan existiendo en las sociedades “primitivas” y no industriales del mundo contemporáneo.

Dentro de las tendencias imperantes en nuestros días, se evidencia una marcada inclinación a convertir la parapsicología en una sopa de letras, que contiene todo, desde la astrología hasta la filosofía Zen. Y aunque indudablemente representaría una falta de criterio el excluir algunos de los principios, prácticas y practicantes menos respetables, por el mero hecho de que carecen de prestigio, no es menos cierto que deben fijarse límites y trazar, también, algunas líneas específicas.

Una palabra a la que la parapsicología de cualquier lugar del mundo prefiere no recurrir es ciencia oculta. Y esto se debe a que dicha denominación está vinculada, muy estrechamente, a antecedentes no del todo respetables. A ningún magnate naviero le es grato que le recuerden que su bisabuelo fue pirata. La palabra superstición también es un anatema para los psicólogos actuales. No obstante, gran parte de la fascinación que las experiencias psíquicas ejercen en nuestros días deriva de un mundo de magia y maravilla que nos acompaña desde la infancia de la humanidad. Empleando una expresión freudiana que estuvo muy de moda, podríamos decir que refleja “el pensamiento mágico infantil”. Pero aun teniendo plena conciencia de estas connotaciones históricas auténticamente humanas, es necesario trazar una línea divisoria neta entre las investigaciones que se llevan a cabo actualmente en el campo de la parapsicología y algunos de sus antecedentes.

A lo largo de la historia se ha podido registrar abundan los engaños, sean religiosos o de cualquier otro carácter, las leyendas de sucesos milagrosos y de poderes sobrenaturales. Si se toman como base de juicio las tradiciones orales o los mitos preservados por medios tales como las tablas de arcilla, la historia no registrada incluía prácticas que más tarde se mezclaron, o chocaron con los conceptos cristianos. En la vida de los santos se registraron muchos fenómenos de la Psi, pero, aunque posiblemente esos fenómenos fueron experimentados también por pecadores y por toda clase de individuos, no contamos con constancias que lo prueben.

El flujo y reflujo de las tradiciones, rituales, prácticas y experiencias no han permitido que se concretaran los datos históricos necesarios para el estudio, la exploración y el conocimiento consciente de lo psíquico. Sin embargo, sería muy conveniente tratar de hacer una división. La historia de la parapsicología puede dividirse, de modo general, en tres periodos. Primero, el periodo primitivo, tanto prehistórico como histórico, un panorama amplio y comprehensivo de los fenómenos registrados hasta el siglo XIX; segundo, las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y, tercero: las décadas recientes.

A menudo se piensa en el pasado, también en el presente, en términos de categorías, llámense profecía, encantamiento, ritual, diálogos con los muertos, culto de los antepasados, visiones, curaciones espirituales o milagrosas, brujería o cualquier otra de la inmensa variedad de prácticas y alegatos religiosos, seudo religiosos o profanos. Pero, dejando de lado las categorías, una gran parte de la historia humana puede ser analizada en término de los hombres y de las mujeres que exploraron o dramatizaron sus acontecimientos, incluyendo la psi. No importa la volubilidad o ligereza con que suele hablarse de “periodos” y “tendencias” históricos, o la modestia de la actitud que quieren asumir algunos pioneros, de todas maneras, es necesario reconocer el papel decisivo que los individuos desempeñaron en el curso de la historia de la parapsicología.


Entre los nombres respetables, aunque remotos que figuran en la historia de la parapsicología debemos recordar a la Bruja de Endor, el rey Creso de Lidia y, lo que es muy interesante, también a Aristóteles.

La lingüística ha hecho estragos en la certidumbre histórica, como sucedió, por ejemplo, con la historia de Endor en el Viejo Testamento. El rey Saúl estaba trastornado y confuso cuando se dirigió a Endor. Allí la bruja coopero e invoco al espíritu de Samuel, quien denuncio la perversidad de Saúl y profetizo su fin. Según dice Tiemeyer la palabra hebrea original, utilizada para designar las prácticas de la mujer de Endor puede traducirse como “nigromancia, adivinación, brujería, poder profético o predicción mágica de la suerte”. Porque el antiguo idioma “agrupa todas esas prácticas en una sola palabra”. Vale decir, que la bruja de Endor era una médium capaz, al parecer, de lograr que los espíritus de los muertos se manifestaran ante los vivos. En el lenguaje actual se la hubiera llamado una psíquica, una sensitiva, una sensitiva psíquica o una médium. El lector queda en libertad de hacer su propia elección.

El rey Creso no estaba seguro de si debía luchar o no contra los persas. Como tenía el escepticismo propio de un investigador trato, primero, de probar los poderes de los distintos oráculos que podía consultar en busca de consejo. Para ello ideo un test lo bastante complejo como para descartar las meras conjeturas o la jerigonza propio de los médiums, tan en boga entonces como en nuestros días. El oráculo de Delfos fue el único que contesto correctamente: “Creso está hirviendo juntos un cordero y una tortuga, en un recipiente de cobre con tapa de cobre”. Cuando Creso consulto con el oráculo de Delfos los planes de su guerra contra Persia, el Oráculo dijo que, si el cruzaba el río Halys, lo que implicaba la guerra con los persas, “destruiría un gran imperio”. Creso considero que esas palabras se referían a la destrucción del imperio persa, en realidad provoco la destrucción de su propio imperio. Lo que había pasado era que el experimento con la tortuga había probado la eficiencia del oráculo en clarividencia o telepatía, pero no en precognición.


Aristóteles hablo de la precognición con una objetividad que ha continuado siendo una norma entre los investigadores. Escribió “en cuanto a la adivinación que tiene lugar mientras se duerme y que se dice que está basada en sueños, no podemos ni rechazarla a la ligera con desdén, ni brindarle tampoco una confianza ciega. El hecho de que todas las personas, o por lo menos muchas, supongan que los sueños poseen una significación especial tiende a inspirarnos una confianza basada en el testimonio de la experiencia. Considerando que la adivinación en sueños podría ser genuina, como lo afirman algunos sujetos, no podemos rechazarla porque tiene cierta apariencia de razón. Partiendo de esta, uno puede formarse una opinión similar en relación con todos los otros sueños. Sin embargo, el hecho de que no veamos una causa probable que explique esa adivinación, tiende a inspirarnos disgusto.

El impacto que produjo Emanuel Swedenborg (1688-1772) fue intenso y duradero. Este hombre desafía cualquier categorización. Era una autoridad muy respetada en metalurgia, afirmaba haber hablado con Dios, y enuncio, en forma muy detallada, un concepto de ley universal y también el de una estructura de la vida más allá de la muerte. El 19 de junio de 1759 en la sección Sodermalin, de Estocolmo, estallo un gran incendio. Según se cuenta, Swedenborg llego esa misma tarde a la ciudad de Goteborg, a 300 millas de distancia. En el curso de la cena con un grupo de amigos, hizo un relato en el que mencionaba una visión de la ciudad ardiendo. A las 8 de la noche l es había dicho que el fuego se había detenido a tres puertas de su propia casa. Al día siguiente, domingo, el alcalde de Goteborg, que había oído hablar de las impresiones clarividentes de Swedenborg, hablo del incendio con él. En la noche siguiente, un mensajero proveniente de Estocolmo confirmo que el fuego se había detenido.

Nadie puede ahora elegir entre los diversos informes relacionados con ese suceso. Pero lo que está más allá de cualquier duda es la fuerza del impacto que la visión de Swedenborg produjo sobre sus contemporáneos y sobre muchos escritores y pensadores de épocas posteriores. En un ensayo crítico sobre el incendio de Estocolmo, Broad señalo que “ninguno de estos relatos tiene el menor valor probatorio”. Pero, naturalmente, él estaba haciendo una revisión del caso con carácter retrospectivo, partiendo de las pautas de validación imperantes en los siglos XIX y XX.

Los investigadores científicos, especialmente los que trabajan en temas de interés público, que tienen una gran carga emocional, están siempre a merced de los hacedores de leyendas. No debe subestimarse el poder de los escritores de ficción. En nuestro tiempo, la influencia de las películas cinematográficas debe sumarse a la de las novelas y cuentos cortos que han sustituido a los relatos épicos del pasado. Por eso, aunque el trabajo más importante de Swedenborg, la Arcana Coelestia intereso en un principio a filósofos tales como Kant y más tarde a escritores del calibre de William Blake y poetas de la categoría de William Butler Yeats, no puede negarse que su enfoque, tan imaginativo, provoco algunas dificultades a los investigadores contemporáneos.

Quizá podría decirse que el mesmerismo y el espiritismo han influido en los comienzos de la parapsicología, en el siglo XIX, en una forma que en nuestros días podría considerarse nociva. Estos movimientos, y otros similares, tales como la Teosofía y la Ciencia Cristiana se basaban en el supuesto de que deberían llegar a ser considerados como elementos básicos de la parapsicología. Hubo un largo periodo de lucha durante el cual se discutió si la ciencia podía extraer y liberar esos principios de las instituciones para las que habían llegado a ser tan esenciales. Sin embargo, y en forma muy gradual, los elementos parapsiquicos fueron separados del mesmerismo y de la hipnosis y la investigación psíquica posterior logro independizarlos, también, del movimiento espiritista.

Etapa Magnética: el Mesmerismo


Mesmer nació el 23 de mayo de 1734, junto al lago Constanza, en Suabia (Alemania). Estudio música y se doctoro en Filosofía y Medicina (1766) en Viena, a los 32 años. 

Fue muy influido por las teorías de Paracelso y en su tesis doctoral, titulada De Planetarium Influxu, aseguraba que existía una energía etérico creadora de materia, que lo penetra todo y ejerce una gran influencia en los hombres. Tal energía recibió años más tarde el nombre de fuerza magnética o energía Pilagiletica. Según Mesmer, si no se lograba que dicha energía permaneciese en armonía con el hombre, sobrevendría la enfermedad.

Pese a lo expuesto en su tesis doctoral, Mesmer no sabe cómo aplicar exactamente la fuerza curativa a las personas enfermas. Un sabio jesuita, el padre Hell, le aconseja que utilice imanes, ya que estos le representan la fuerza de gravitación que mantiene el equilibrio del universo. Hace caso de los consejos del jesuita y empieza a experimentar con varios imanes, hasta que, por fin, logra utilizar perfectamente la “fuerza magnética”.

Mesmer efectúa su primera curación importante en 1773 con ayuda de unos imanes. La paciente, llamada Franziska Oesterlin es una joven que sufre diversos trastornos, como desmayos, melancolía, retención de orina, parálisis transitoria y fuertes crisis convulsivas. Mesmer le aplica un imán en cada muslo y un tercero en el estómago. La joven cura instantáneamente y se arma el primer revuelo científico. Mesmer no tarda en llenar de imanes la habitación, e incluso se cuelga uno en el cuello. Empieza a trabajar con los imanes, con los cuales consigue curaciones, posiblemente por sugestión. Aplica a los enfermos de 3 a 4 imanes en el cuerpo y las curaciones se suceden, alcanzando cada vez mayor resonancia.

Al aumentar el número de pacientes, decide cambiar de sistema. Abandona los imanes y se limita a la imposición de las manos, con lo cual construye su famosa teoría del “magnetismo animal”. A partir de entonces, lo magnetiza todo: animales, plantas, objetos, etc. A continuación, y para poder atender a todos sus pacientes, inaugura el primer sanatorio magnético de Viena. Entonces construye su famosa baquet, o cuba de la salud, simple recipiente de madera, de grandes dimensiones, en forma de cuba grande, en cuyo interior pone botellas con agua magnetizada por él. De las botellas salen unas largas varillas, que los pacientes se aplican en las diferentes zonas del cuerpo afectadas por las enfermedades.

Durante el tratamiento Mesmer da vueltas a la cuba, sin dejar de observar a los enfermos. Las curaciones se suceden día tras día, y así, de los pacientes tan infinitamente pobres del principio que casi no pagaban nada, pasa a los infinitamente ricos y a la más alta sociedad de Viena. La baquet se pone de moda, junto con su creador, el aumento de cuya reputación incrementa a la vez el número de envidiosos, la mayoría de ellos médicos, quienes alegaban que Mesmer se apartaba de las enseñanzas tradicionales impartidas en la facultad de Medicina.

Durante un tiempo Mesmer se dedica a dar conferencias sobre sus teorías en Suabia, Suiza y la Corte de Baviera, precisamente aquí curo al director de la Academia de Ciencias de Munich, afecto de una gota que lo tenía paralizado. Esto le valió ser elegido miembro de la Academia de Baviera.

Mesmer escribió 27 teoremas que describiremos a continuación:



1. Existe una influencia mutua entre los astros, la tierra y los cuerpos animados.

2. Existe un fluido continuo, y universalmente repartido originalmente en forma que el vacío no existe, tan sutil que no tiene igual en la naturaleza, susceptible de recibir, propagar y comunicar todas las impresiones del movimiento es el medio de esta influencia.

3. Ésta acción recíproca, está sujeta a leyes mecánicas desconocidas hasta ahora.

4. el resultado de esta acción, sus efectos alternativos, pueden compararse con el flujo y reflujo.

5. este reflujo es más o menos compuesto, según la naturaleza de las causas que lo determinan.

6. siendo por esta operación, la más universal de cuantas la naturaleza nos ofrece, que las relaciones de actividad se ejercen entre los astros, la tierra y sus partes constituyentes.

7. las propiedades de la materia y de los cuerpos organizados dependen de este fenómeno.

8. el cuerpo animal siente los efectos alternativos de este agente, cuando se ingiere en la sustancia de los nervios sobre los que obra.

9. se manifiestan en el tiempo humano propiedades análogas a las del imán, distinguiéndose igualmente los polos diversos y opuestos, que pueden comunicarse, cambiarse, destruirse y reforzarse, observándose el mismo fenómeno de inclinación que en el imán.

10. la propiedad del cuerpo animal que la hace susceptible a la influencia de los cuerpos celestes, y de la acción y reacción de los que la rodean, manifestada por su analogía con el imán, me ha determinado a llamar mi teoría Magnetismo Animal.

11. la acción y la virtud del magnetismo animal así explicada, puede ser comunicada a cuerpos animados e inanimados, siendo los unos más susceptibles que los otros.

12. esta acción y esta virtud pueden ser reforzadas y propagadas por los mismos cuerpos.

13. se observa en la práctica una corriente sutil de fluido que atraviesa todos los cuerpos sin perder por esto nada de su intensidad.

14. su acción tiene efecto a largas distancias sin necesidad de intermediarios.

15. se aumenta y refleja por medio de espejos como la luz.

16. se comunica, se propaga y se aumenta por el sonido.

17. esta virtud magnética puede acumularse, concentrarse y transportarse.

18. se ha dicho que los cuerpos animados no son igualmente susceptibles, y hay alguno, aunque muy raro, cuya sola presencia basta para destruir los efectos del magnetismo sobre los otros cuerpos.

19. esta opuesta virtud, penetra también en los cuerpos, y puede ser igualmente comunicada, propagada, acumulada, concentrada, transportada y reflejada por espejos y propagada por el sonido, lo que constituye no solamente una privación, sitio virtud positivamente opuesta.

20. el imán, sea natural, sea artificial, es lo mismo que los otros cuerpos, susceptible al magnetismo animal, así mismo que la virtud opuesta, sin que, en uno u otro caso, su acción sobre el hierro y el agua sufra ninguna alteración, lo cual prueba que el principio del magnetismo animal, difiere esencialmente del mineral.

21. la práctica dará nuevas luces sobre la naturaleza del fuego y de la luz en la teoría de atracción en la del flujo y reflujo y en la del imán y de la electricidad.

22. dará a conocer que el imán y la electricidad artificial no tienen para los enfermos sino propiedades comunes a una porción de otros agentes que la naturaleza nos ofrece, y que los resultados de los efectos médicos son solo debidos al magnetismo animal.

23. y se reconocerá por los hechos, después de las reglas que estableceré, que este principio puede curar inmediatamente las enfermedades de los nervios y mediante algún tiempo las demás.

24. con su ayuda, el medico podrá apreciar el uso de los medicamentos y perfeccionar la acción que provoquen.

25. exponiendo mi método, demostrare por la teoría nueva de sus materias la utilidad universal del principio que propongo.

26. gracias a este conocimiento, el medico podrá juzgar seguramente sobre el origen, la naturaleza y el progreso de las enfermedades, hasta las más complicadas, impedirá su desarrollo, y llegará a curar sin haber expuesto al enfermo, sea cualquiera su temperamento y su sexo. Las mujeres, aun cuando estén embarazadas o en el momento del alumbramiento podrán gozar de este beneficio.

27. esta doctrina pondrá al médico en disposición de juzgar el grado de salud de cada individuo, y del desarrollo de enfermedades a que podrá estar expuesto. El arte de curar llegara a la última perfección.


En 1777 realizo una sorprendente curación que, paradójicamente, lo obligo a marcharse de Viena. Curo a María Teresa Paradis, hija del secretario del Embajador y ahijada de la Emperatriz. Estaba ciega desde los 4 años de edad, pese a lo cual era una gran pianista, que disfrutaba de una magnifica pensión oficial y gozaba de la protección de la emperatriz de Austria. Cuando la conoció Mesmer, llevaba ya diez años de tratamiento con el mejor oculista europeo de la época, el doctor Von Stuerk, también oculista oficial de la Corte. María Teresa Paradis estaba afectada a la ceguera total, y Mesmer la sometió a tratamiento, a cuyo término la joven había recuperado la vista casi completamente, cosa que no le agrado al oculista oficial, el citado Von Stuerk, quien ejerció todo tipo de presiones en las altas esferas del país, incluso llego a amenazar a la joven con retirarle la pensión oficial. Al fin consiguió que el tratamiento fuese suspendido, con lo que automáticamente, volvió a manifestarse la ceguera, es de suponer que se trataba de una ceguera histérica, lo cual aprovecho el oculista oficial para humillar a Mesmer. Se armó un gran escándalo, al que se unieron sus rivales médicos, los cuales consiguieron que el escándalo adquiriese tal magnitud, que Mesmer se vio obligado a cerrar el sanatorio seis meses más tarde y a marcharse a Paris.

Mesmer llego a Paris, se instaló en la Place Luis le Grand y alquilo un piso en el número 16, hoy Place Vendome, sede del Bankers Trust. Publico sus teorías sobre el magnetismo animal e ideo una cubeta para curar a treinta personas simultáneamente, con el mismo sistema de agua magnetizada. La lleno de agua hasta unos 30 cm. de altura y puso unos triángulos de hierro, que sobresalían del agua, para aplicarlos en las zonas del cuerpo afectadas por la enfermedad. Tras confeccionarse un traje totalmente violeta, abrió su primer consultorio en Paris.

El éxito fue tan grande y los enfermos acudían en tal cantidad, que el piso no tardo en quedarse pequeño. Mesmer contrato a varios ayudantes, a los que enseño el magnetismo. Reunían a los enfermos junto a la cubeta y los ataban juntos con una cuerda, agarrándose previamente de las manos, para formar una cadena magnética. Cuando todo estaba preparado, sonaba una música de piano magnético o armónica magnética (Mesmer había estudiado música) con lo cual creaba una atmósfera nostálgica muy adecuada para el vacío del alma. Acto mediante transferencia, se producían los fenómenos, unos realizaban convulsiones, otros reían inmoderadamente, lloraban, saltaban, gritaban, tosían, expectoraban, sudaban, permanecían tranquilos, etc., algunos tratamientos tenia una duración de hasta tres horas, transcurrido este tiempo entre gritos, llantos, movimientos de ojos, risas y convulsiones, sobrevenían la calma, la languidez, la modorra y finalmente el sueño total. La mayoría de las personas que se sometían a estos tratamientos eran mujeres. Los enfermos que sufrían las crisis más violentas eran puestos en una habitación completamente acolchada, para evitar que se hirieran.

Al quedarse pequeño el consultorio, Mesmer abrió una clínica en Cretell y compro el Hotel Bullon. En estas nuevas instalaciones, Mesmer monto cuatro cubetas más y destino una de ellas a los pobres que la necesitaban y no podían pagar, Mesmer se mostró siempre muy caritativo. Pero estas ampliaciones resultaron también insuficientes, por lo cual tuvo que magnetizar un árbol de la rue Bandy, al que ataba a miles de enfermos, que también se curaban por completo.

Sus tratamientos magnéticos le proporcionaban a Mesmer muchísimo dinero. Un mes de terapéutica en la cubeta costaba 10 luises por persona, y ganaba más de 100.000 luises al año. Su casa estaba constantemente llena de obsequios y de invitaciones, llevaba un tren de vida millonario, con portero, cochero, dos criados, un mayordomo, una orquesta contratada en exclusiva y dos policías particulares, encargados de mantener el orden y la disciplina en su casa, aparte de la gran cantidad de personas que trabajaban para el en las cubetas magnéticas. Se calcula que tenía un gasto anual de 20.000 luises.

También la envidia hizo su aparición en Paris. Los médicos rechazaron sus tratamientos, particularmente al principio y oficialmente después, hasta que, al fin, pasaron a los ataques personales. Mesmer, desconfiado, malhumorado y pensando siempre en su triste experiencia de Viena, dejo Paris, con lo que provocó un escándalo entre la gente del pueblo, que eran sus amigos, y los que se oponían a él. Y, en efecto, se fue a Spa.

Tal y como había previsto, no tardaron en surgir las primeras protestas, que acabaron en un gran escándalo. Los individuos, las sociedades, las agrupaciones, y las sectas (incluida la masonería) se pusieron incondicionalmente de su parte. Las protestas eran cada vez más serias, se hicieron presiones para que Mesmer volviese a Paris e incluso se llegó a hacer una colecta, que resulto un auténtico éxito. La gente gritaba cada vez con mayor insistencia: “¡Muerte a la Academia!”.

Después de la tempestad, Mesmer regreso a Paris dispuesto a triunfar de nuevo. El recibimiento fue inenarrable. El mago, el gran maestro, estaba de nuevo allí. Se instaló en Montmartre, y empezó de nuevo el desfile de personas de todas las clases sociales y condiciones. Solo se prohibía la entrada a locos, a epilépticos y a las personas con heridas purulentas, porque según decía Mesmer, “el magnetismo no puede nada contra estas enfermedades”. Nuevamente Paris volvió a maravillarse con las espectaculares curaciones de Mesmer que ahora siempre consigo una varita magnetizada, con cuya punta tocaba a los enfermos y estos quedaban curados inmediatamente de sus dolencias. En las cubetas podía verse a importantes personajes, nobles, políticos, taumaturgos, oculistas, industriales, artistas, negociantes, charlatanes, magos…

Al comprobar el gran prestigio de Mesmer y el desconcierto causado por sus milagrosas curaciones Luis XIV pidió a la Academia de Ciencias de Paris un informe oficial sobre el magnetismo animal. La Comisión se formó el 12 de mayo de 1784, con cuatro médicos de la Facultad de Paris: Borie, Sallin, Darcet y Guillotin (Borie murio y fue sustituido por Majault), cinco miembros de la Academia de Ciencias: Franklin (inventor del pararrayos), LeRoi, Bailly, DeBory y Lavoisier. La conclusión definitiva fue la siguiente: “comprobado que el fluido magnetico no puede ser reconocido por ninguno de nuestro sentido y que no ejerce ninguna acción sobre uno ni sobre los enfermos que se someten al mismo, que la imaginación sin magnetismo determina convulsiones y el magnetismo sin imaginación no produce absolutamente nada, hemos considerado que no existen pruebas demostrativas de la existencia del fluido magnético animal”.

El informe fue redactado por Bailly, firmado por todos los miembros de la comisión y entregado el 11 de agosto de 1784. La Sociedad de Medicina entrego sus conclusiones cinco días mas tarde, aunque la unanimidad de la comisión no fue total, puesto que Antoine Laurent de Jussiet se negó a firmar al considerar que había algo misterioso en el magnetismo, que merecía la pena ser estudiado y descubierto. De esta forma se condenó oficialmente, en el mundo de la Ciencia, la existencia del magnetismo animal.

Mesmer, totalmente decepcionado y creyendo que había perdido su poder magnético lo abandono todo y se marchó definitivamente de Paris. Durante un tiempo, Mesmer viajo por Italia, Inglaterra y Alemania, donde fue injustamente encarcelado. Puesto en libertad, se retiró a Suiza, donde permaneció casi hasta su muerte curando a la gente modesta, a los campesinos y a los pobres y oyendo su música preferida. En 1802, Francia, en su deseo de desagraviar a Mesmer, le concedió una pensión oficial, en reconocimiento por todo lo que había hecho a favor de la humanidad y de la ciencia. En 1812, la Academia de Berlín, que había rechazado a Mesmer 37 años antes, lo invito a ingresar a ella con todos los honores, pero Mesmer se negó. También lo rehabilito la Academia de Prusia, al reconocerle sus méritos en el mismo año. Pero no se presentó, y delego en el Profesor Wolfart.


De nuevo en su tierra natal (Alemania) paso los últimos días de su vida en Meersburgo, junto al lago Constanza, donde murió el 5 de mayo de 1815.

Pese a todo lo que se ha dicho y escrito en contra de Mesmer, tachándolo de charlatán, no cabe la menor duda de que fue un adelantado de la ciencia y piedra y piedra angular de la moderna hipnosis clínica. Surgieron muchos imitadores del mismo, con lo cual se puso de moda la “mesmeromania”. Los magnetizadores se depuraban física y espiritualmente, para convertirse en receptores o polos del magnetismo de la tierra.

Mesmer fue un auténtico revulsivo para el mundo científico. Cuando el general Lafayette visito América en uno de sus viajes, dijo a los americanos: “traigo a América, además de armamento y municiones, el regalo más preciado de Europa, el ‘mesmerismo’, o sea, la munición más extraordinaria contra toda clase de enfermedades y contra el dolor”. Así de una manera tan simple, el magnetismo animal llego a Estados Unidos y se extendió poco a poco por el continente americano.

En Paris habían quedado tres discípulos aventajados y hombres de confianza de Mesmer: los hermanos Puysegur, nietos del mariscal de Francia, quienes aplicaban las mismas técnicas que su maestro. El mayor de los hermanos, con el fin de suavizar los tratamientos y evitar las crisis que se producían en las cubetas, utilizo un método menos violento y que ya anteriormente, como sabemos, había empleado el propio Mesmer. Magnetizo un árbol, un olmo y los enfermos que acudían a él se adormecían rápidamente, en lugar de exaltarse al principio, como pasaba en las cubetas. Con este árbol, el marquese de Pueysegur obtuvo grandes éxitos.


Armand Pueysegur (1751-1825) curo a un paciente llamado Víctor de un dolor en el pecho. 

El paciente cayó en trance y se adormeció, pero, cosa extraña, sin dejar de moverse un solo instante, como un sonámbulo. Gracias a tal enfermo, el 4 de mayo de 1784 se pudo definir este particular estado como el sonambulismo magnético, aunque Pueysegur nunca pretendió haber superado a Mesmer, asegurando repetidamente que su maestro ya conocía el estado de sonambulismo.

En 1813 el padre Faria, quien afirmaba haber adquirido todos sus conocimientos hipnóticos entre los yoguies de la India, y que tenía el título de “brahmin”, empezó por negar la existencia del fluido magnético, y lo demostraba clavando la mirada en los ojos del sujeto, durante las exhibiciones públicas que solía ofrecer, y gritando: “¡duérmase!”. Este nuevo sistema de inducción fue denominado fascinación.

A partir de Faria empezaron a aclararse las cosas y se formaron dos escuelas: la de los seguidores de Mesmer, quienes creen en el fluido magnético, y la de los que niegan la existencia de cualquier tipo de fluido y aseguran que todo consiste en el dominio de una conciencia sobre la otra. Todavía existen estas dos escuelas o tendencias. Una de ellas es la hipnosis magnética, que cree en la existencia de un misterioso fluido magnético, el cual puede ser proyectado por el ser humano. La otra es la de la hipnosis científica, y se basa en que todo consiste en un fenómeno psicofisiológico.

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