Umbanda I - Profesor Miguel Antonio Ojeda - Instituto CEPE de Argentina
UMBANDA
Historia: Los dioses que vinieron de África.
La maternal Yemanjá, Xango: la fuerza y la justicia, Oxalá el
creador.
¿Quiénes son los orixás? Las definiciones al respecto (y las leyendas africanas de donde ellas se originan), son varias, más coinciden en algunos puntos básicos: Orixás son divinidades intermediarias entre el Dios Supremo y el mundo terrestre, encargadas de administrar la Creación y que se comunican con los hombres a través de vistosos y complejos rituales. Las historias sobre ellos que hablan de seres profundamente humanos en su comportamiento arquetipos que se corresponden con varias mitologías, entre ellas la greco-romana.
"Orixás" - Divinidades intermediarias, exceptuando a Olorum, el Dios Supremo. En África eran cerca 600. Para Brasil aparecieron tal vez unos 50 que están reducidos a 16 en el candomblé (algunos teniendo varios nombres o cualidades), de los cuales sólo 8 pasaron a umbanda (Diccionario de Cultos Afro-brasileros, de Olga Gudoll y Cacciatore).
Igualmente, sobre una definición tan sintética como ésta, diversas dudas pueden ser planteadas. Hay personas practicantes de los cultos que niegan la cantidad de 16 orixás en el candomblé brasileño, afirmando que existen pueblos que pelean con una mayor cantidad de divinidades. Otros investigadores a su vez, sostienen 9 o más orixás absorbidos por el umbanda.
CONTROLANDO EL MUNDO MATERIAL
Ese tipo de polémica es bastante frecuente, debido a que los orixás, divinidades originarias de África, fueron traídos por los negros esclavos en forma de ritos informales. Si existe una documentación formal sobre el tema, viniendo de África ella es secreta como muchos otros hechos relativos al culto. Además de eso, era todavía más dividido que hoy, con diversas naciones de tribus que tenían entre sí un contacto mínimo, contribuyendo esto al establecimiento de grandes diferencias entre los nombres y conceptos propios de un orixá (algunos desaparecen de una región a otra, otros son fundidos o subdivididos).
De cualquier manera, se observa una cierta regularidad de conceptos a consecuencia del dominio del culto ioruba en el Brasil. Ese pueblo sudanés que habita la región correspondiente a la actual Nigeria, extendió su influencia a una gran área y a diversas tribus. Como dice Roger Bastide en el Candomblé de Bahía, "los candomblés pertenecen a naciones diversas y perpetúan, por lo tanto, tradiciones diferentes. Todavía la influencia de los iorubas domina sin respuesta el conjunto de las sectas africanas imponiendo sus dioses, la estructura de sus ceremonias y su metafísica.
En esa tradición, el candomblé es una religión africana cuyos dioses venerados son los orixás. Ella se extendió por toda América donde se utilizó a los negros como mano de obra esclava, con menos notoriedad en los Estados Unidos y con mayor influencia en Brasil y Cuba.
Los orixás también son venerados por la religión umbanda, practicada en Brasil, que, a groso modo, puede ser definida como una mezcla entre el candomblé, la religión católica (fusión esta usada como disfraz para que los negros pudiesen mantener su culto, entonces prohibido por los Señores), el espiritismo y dependiendo de sus variadas tendencias, hasta el esoterismo y el budismo.
Existen dos corrientes básicas que intentan explicar la aparición de los orixás. Una de ellas se remonta a la creación del Universo.
Ante todo, existía el caos, hasta que un dios supremo - Olorum-, a semejanza del Dios católico, creó el Universo, sus estrellas, planetas, el mundo material, o sea, que se separaba en forma drástica de lo que había antes: el mundo inmaterial o sobrenatural. Para establecer su control sobre los seres que habitaran esos mundos, (o específicamente, la Tierra), Olorum creó los elementos, siendo cada uno de ellos, la forma material de los orixás: el agua salada para Iemanjá, la roca para Xango, el viento para Iansa, etc.
Otra manera de explicar el mismo proceso, es menos mítica: los orixás serían seres humanos importantes, dueños de gran poder en vida, que murieron de manera anormal, por medio de grandes accesos de cólera o de pasión fulminante. Esa sobrecarga de sentimiento habría provocado una especie de "derrame" de la esencia de cada ser, impidiendo que ellos asumiesen la forma común de todos los espíritus muertos, los eguns En este caso tales espíritus se identificarían como uno de los elementos de la naturaleza. Aquí las dos explicaciones se encuentran.
Hay investigadores, inclusive que cuestionan la existencia de Olorum. Si, por un lado, su figura es detectada por la tradición oral, hay sospecha de que él sólo fue introducido en el candomblé por la influencia mahometana venida del norte de África y por las tentativas de colonización occidental, ya que su función parece ser la de coordinar los diversos dioses estableciendo un eje central, una figura centralizadora de dios único.
A
pesar de esas salvedades, la existencia de Olorum es hoy admitida por el
candomblé practicado en el Brasil. No hay ningún culto dirigido directamente a
él, siendo todo el contacto hecho a través de los orixás, sus intermediarios.
Según el estudioso Pierre Verger, el candomblé está ligado al concepto de
familia en el sentido amplio, o sea toda una línea de descendencia de sangre a
partir de un antepasado común englobando tanto a los vivos como a los muertos.
"El orixá, explica él en el libro "Orixás", sería en principio un ancestro divinizado, que en vida establecía vínculos que le garantizarían un control sobre ciertas fuerzas de la naturaleza, como el trueno, el viento, los ríos y los mares, o, asegurándoles por consiguiente la posibilidad de ejercer ciertas actividades, como la caza, el trabajo con metales, o, también, adquiriendo el conocimiento de las propiedades de las plantas y de su utilización. El poder -axé- del ancestral orixá, tendría, después de su muerte, la facultad de encarnar se momentáneamente en uno de sus descendientes, durante el fenómeno de posesión por él provocado".
En los rituales, sacrificios y peticiones
Los orixás son, por lo tanto, fuerzas energéticas, desprovistas de un cuerpo material. Su manifestación básica para los seres humanos, se da por medio de la incorporación. Prosigue Verger: "Ese ser escogido por el orixá, uno de sus descendientes, es llamado el elegum, aquél que tiene el privilegio de ser poseído por él. Se convierte en el vehículo que permite al orixá volver a la Tierra para saludar y recibir las pruebas de respeto de sus descendientes que lo invocaron". Según la tradición, el axé de cada orixá puede ser guardado y preservado en una piedra u otá, que es colocada en una vasija, dejándose al cuidado de los babalorixas (padres-de santos). Esa figura sin embargo no es restrictiva: la fuerza del orixá está libre en la naturaleza, y apenas parte de ellas, simbólicamente, quedaría junto a sus descendientes a través del otá.
Durante las ceremonias en que los orixás son convocados, se le ofrecen, comidas, (diferentes para cada uno de ellos) y sacrificios que derraman sangre de aves y animales cuadrúpedos (con excepción de las líneas de umbandas que no derraman sangre en sus cultos).
A los orixás se les ruega por protección, salud en general y pedidos más bien específicos que pueden representar una promoción profesional, la conservación de un matrimonio o la realización de un viaje muy deseado. En ese aspecto, no hay barreras específicas en el tiempo de pedido que s hace. Los orixás pueden, según esa interpretación, ejercer su influencia en cualquier terreno de la vida, a pesar de que algunos pueden ser reconocidos tradicionalmente como "especialistas" en ciertas áreas (dinero y sexo para Exu, la fecundidad masculina para Oxalá, la femenina para Oxum, las enfermedades para Omulu y Ossáim). No hay tampoco restricciones morales rígidas para estos pedidos. La inclusión del "bien" y del "mal", en el culto del candomblé sería una influencia occidental que tendría una dicotomía antes inexistente. Lo que resta hoy es un concepto más o menos generalizado de que pedir al orixá algo perjudicial, para un tercero, podría ser peligroso, porque, habiendo alcanzado el objetivo el peticionante, podría ser víctima de una especie de "exceso", un contraflujo de energía negativa por él invocada y liberada.
La síntesis de todo el proceso, sería la búsqueda de un equilibrio energético entre los seres materiales habitantes de la Tierra y la energía de los seres que habitan el Orum, o irreales (que tanto podría localizarse en el cielo -como en la tradición cristiana- como en el interior de la Tierra, o también en una dimensión extraña, de acuerdo con diferentes visiones presentadas por naciones y tribus diferentes). Cada ser humano tendría un orixá protector.
Al entrar en contacto él por intermedio de los rituales, estaría cumpliendo una serie de obligaciones. En cambio, obtendría un mayor poder sobre sus propias reservas energéticas que se canalizarían para la búsqueda de los objetivos más caros de la persona en cuestión. Existen diferentes grados de relación con la fuerza de los orixás (como veremos en el punto siguiente). No así, la iniciación propiamente dicha, largo proceso a veces llamado raspagen (raspado), y el momento en que la fuerza del orixá es definitivamente asentada sobre la cabeza del fiel. En diversas ocasiones, algunos investigadores, observaron que ocurre una sutil modificación en el iniciado, acusando una mayor seguridad y equilibrio, ya que la separación física ocurrida en el nacimiento (o en la fecundación) entre el cuerpo físico y la fuerza del orixá habría sido anulada.
Además de eso, los trazos psicológicos básicos del orixá, hasta entonces glorificados culturalmente, se revelarían marcadamente en cada uno de sus hijos. Todos estos conceptos, no obstante, se realizan en el estudio del candomblé africano. Por más que su práctica en el Brasil se ha mantenido relativamente fiel a las costumbres africanas (una rara excepción, en el caso de las regiones de candomblé donde no se han fusionado con otras religiones, sería adopta el término "santos" para designar orixás, aparece una duda: como podrían entonces brasileños sin descendencia sanguínea de los africanos participar en el culto?.
Esa participación, además existe de manera bastante expresiva. A pesar de la escasez de estadísticas referentes al tema, la existencia de regiones donde hay pocos negros, como en el interior de Río Grande do sul, es comprobada. En cualquier reunión de un gran centro de Bahía demuestra la presencia de blancos, así como asiáticos en San Pablo y Curituba. Así mismo los investigadores aquí citados, como Roger Bastide y Pierre Verger, franceses, tienen sus orixás (Bastide declara en uno de sus libros que su "santo" era Xango). Una conocida madre-de-santo de Río de Janeiro, Gissele Cossard, ialorixá Omindareva, es también francesa y blanca.
Así, otras explicaciones fueron recogidas. Las opiniones parecen converger en un sentido: además de la religión de sangre, otra forma de determinar cual orixá es el "dueño" de la cabeza de cada uno, sería la identificación de esos seres divinizados con arquetipos culturales, tanto en el sentido de su compartimento psicológico, como en su estructura física básica.
Arquetipos universales en versión africana.
Los orixás son dioses profundamente humanos, la misma línea de los dioses griegos del Olimpo (con la cuales hay diversas correspondencias). Al contrario del omnipotente Dios católico y de los santos, humanos, cuyo comportamiento moral y por lo menos en parte de la vida, irreprochable, los orixás tienen defectos, cometen deslices, algunos propios de su manera de ser: así, Iansa sería ostentosa, alborotadora, Omolu sadomasoquista y pesimista, Oxum, coqueta y liviana, Ogum, irreflexivo y agresivo. Las leyes señalan traiciones, cambios concretos, rivalidades y hasta golpes. Serían ellos, por lo tanto, figuras arquetípicas, o sea, un compendio de características comunes a todos los seres humanos, aproximándose al concepto de Jung, que El Hombre y sus símbolos, define al arquetipo como un motivo básico que origina representaciones semejantes "representaciones" que pueden tener muchos detalles sin perder su configuración original. Existen por ejemplo, muchas representaciones de la causa, hermanos enemigos, más la causa en sí se conserva lo mismo (...). Su origen no es conocido y ellos se respetan en cualquier lugar del mundo, aún donde no es posible explicar la transmisión por descendencia directa o por "fecundaciones cruzadas" resultante de las migraciones. Los arquetipos viven en el inconsciente de la raza en forma colectiva. Los orixás, entonces, se revelarían como manifestaciones de ese inconsciente, tipos que se manifiestan de manera semejante en personas diferentes. Dos hechos específicos facilitan esa interpretación en el candomblé de Brasil: cada orixá se manifiesta de distintas maneras básicas que dependerían de la edad (más viejos o más jóvenes) y de otras características secundarias (más o menos activos o pasivos, guerreros o diplomáticos, etc.).
La revelación a través de los "buzios"
Otras variaciones enriquecen esa multiplicidad. En Brasil cada persona tiene dos orixás. Uno de ellos mantiene el status de principal, es llamado orixá de cabeza que revela en sus hijos, sus características, de manera marcada. El segundo orixá, adjunto, (asistente), a pesar de su distinción jerárquica, también tiene una fuerte relación de poder y marca a su hijo, pero de manera más sutil. Una sería la personalidad más visible exteriormente, así como el cuerpo de cada persona, en cuanto al otro, sería la faceta oculta de su personalidad, me nos visible para los que conocen la persona superficialmente, y la potencia física menos aparente. Existe en ese caso, una relación aproximada, aunque no exacta, al concepto de signo solar de la astrología.
De esa manera, un hijo de Ogum tendría características psicológicas propias de su orixá (combativo, agresivo, resistente a las discusiones y a situaciones difíciles en general, corajudo, resuelto y viril) como también cuerpo ágil y firme, musculoso y erguido. No obstante, tendría más equilibro y sentido de justicia, así como apariencia física más robusta y más baja si él se unió a Xango. Por otro lado, será más entusiasta y hasta cierto punto más alegre, más suelto en sus movimientos y más débil físicamente, se unió a Iansa.
Son
los mismos orixás que se manifiestan a los padres-santos
a través del movimiento de los búzios (pequeñas conchillas), sobre un ser
humano. En el juego son revelados el orixá de cabeza y el asistente de cada uno. En el Africa, se da comúnmente la
confirmación de una tradición familiar de culto a un orixá, en América, en
general, los cultos se extienden por la población de origen no
africano, quiebran la estructura de parentesco sanguíneo, haciendo que cada uno
por si mismo se relacione con su santo, a través de la ayuda de los
iniciados. Los ministerios no se
concentran sólo en un orixá -si bien
cada uno está destinado a un orixá principal- pero rinden culto a todos, ya que
muchos de ellos, serán invocados por un grupo de elegums, diverso y
heterogéneo.
Otro engaño de costumbre, se refiere al sexo de los orixás. A pesar de ello se dividen en masculinos y femeninos (distinción que no existe el Olorum), tanto hombres como mujeres pueden ser hijos de un orixá masculino o femenino, indistintamente. Tal hecho no implica la tendencia al homosexualismo por parte de una mujer hija de Xango, por ejemplo, o de un hombre hijo de Iansa. Tal concepto, igualmente no garantiza la heterosexualidad para una hija de Oxum o un hijo de Ogum. A pesar de eso, tal preconcepto es bastante difundido. Roger Bastide solo apunta como prohibido en Africa, el casamiento entre un hijo y una hija del mismo orixá ya que se estaría manifestando una relación incestuosa. También sería poco recomendable, según la tradición, la relación de un hombre y una mujer hijos-de-santo del mismo sexo indistintamente más no hay datos suficientes que sustenten esa afirmación.
LOS MEDIOS DE CONTACTO ENTRE HOMBRES Y DIOSES
Como cualquier otra religión del mundo, el candomblé posee ceremoniales específicos para sus adeptos. No es el caso particular, sin embargo, esos ritos muestran singularidades especiales como la lectura de búzios (un primer y oracular contacto con los orixás), la preparación y entrega de los alimentos para cada una de las entidades o las complejas y prolongadas iniciaciones de los hijos-de-santo. A través de la observación de esos procedimientos es que el candomblé, relega los humanos a los seres astrales, proporcionando aquellos el equilibrio deseado en la existencia.
Los orixás son divinidades dentro de una estructura mítico-litúrgica de interpretación del mundo. Así como en otras religiones, existen aspectos ceremoniales ya establecidos, que regulan la relación de los seres humanos con esas divinidades.
Esas reglas son muchas, una especie de rompecabezas armado, con interpretaciones simbólicas de los mitos que envuelven a los orixás y constituyen una gran red ligada por debe- res y derechos, obligaciones y posibilidades, extremadamente complejas y llena de matices, incluso posibilitando diversas variaciones. Aquí vamos a tratar genéricamente los ritos comúnmente aceptados. Aunque se encuentran por todo Brasil, formas bastante diferentes.
Ese intrincado sistema interdependiente, viene al encuentro de conceptos occidentales de clasificación, que establecen para el candomblé (la forma organizada en el Africa y perpetuada en Brasil y en otros puntos de América Latina, especialmente en Cuba) el rótulo de "religión primitiva" ya que en ella existen rituales considerados más allá por la mentalidad positivista, como los sacrificios que derraman sangre. Otro dato en apoyo a esa línea de nominaciones, viene del hecho del candomblé que venera diversos dioses, y no sólo de un dios único y centralizador. Como este último, es el comúnmente aceptado por la cultura occidental -y es ella la que inventa las clasificaciones utilizadas por la mayor parte de sus estudiosos -, él es generalmente aceptado como parámetro "superior", a tal punto que se espera que todas la civilizaciones lleguen a través de un "proceso evolutivo" -sin dudas, una manera bien fácil de tener certeza de las propias convicciones-.
En respuesta de eso, Olga Cacciatore toma en su diccionario de cultos afro-brasileros, que los occidentales clasifican de primitivos, aquello que no conocen y están en desacuerdo sin al menos llegar a conocerlos realmente. Para ella, el misticismo africano es mucho más rico y complejo que el occidental, pues al contrario de limitarse al momento de la creación del mundo por Dios y, establecer de ahí en adelante un código de comportamiento, basado en valores binarios, como el bien y el mal, el candomblé regula e interpreta la vida en toda su extensión, en todos los puntos relacionados con la vida de las tribus africanas, por siglos y siglos. Así los orixás, son las fuerzas de la naturaleza que mandan sobre el pueblo y también son afectados por él. Otros orixás son la representación simbólica de las importantes actividades de aquella cultura: el herrero, el guerrero, el cazador, el curandero, etc.
Las múltiples formas de un mismo arquetipo
Roger Bastide afirma, que al contrario de los preconcepto occidentales, la religiosidad africana se basaba en la pluralidad, en una división mucho más rica que un dios -un pueblo, pues el culto de los orixás individualiza el rito a partir del momento en que cada persona intenta, antes que nada, entrar en contacto, con su propio orixá, su yo interior, diferente de cualquier otro, si bien es partícipe de un linaje.
Sin duda, un hijo de Ogum tendrá semejanza con otros hijos de Ogum. Pero esa semejanza no implica masificación. En primer lugar, la combinación de un Ogum como santo de cabecera, con todos los otros orixás que pueden ser los asistentes de la persona en cuestión, establece una serie de diferencias, ya son muchas las combinaciones posibles. Además de eso cada orixá corresponde a un arquetipo de comportamiento, que tiene cambios diferentes -existen muchas formas de cada orixá más viejos o más jóvenes etc.. Por un lado, el hecho de que alguien sea hijo de Xango, el se aproxima a los otros hijos del mismo orixá, uniéndolo socialmente, la desunión está también implícita en el gran número de diferencias que hay entre está persona y sus hermanos-de-santo.
Esa contradicción entre el buscado "yo superior", -identificación con el orixá- y el "yo propio", -encuentro con la propia esencia - se resuelve en la práctica del candomblé, toda ella marcada por pasos tanto sociales como otros, profundamente individualizados, de los cuales participan apenas el interesado y el padre-de-santo.
En los países africanos donde el candomblé es la religión oficial, desde el momento del nacimiento, la mayor parte de las criaturas ya son educadas dentro de sus ritos, de sus valores, está inserto en su vida social como el bautizado católico en brasil. Por lo tanto, el contacto con el universo mítico es absolutamente natural a consecuencia de la propia existencia como individuo.
Buzios: las primeras indicaciones
En Brasil, de la misma forma que las familias nucleares africanas fueron disueltas, la pluralidad de aspectos que rodean la persona (formación cristiana en general, asociación del candomblé y fetichismo), hace que el proceso sea diferente y más individualizado. Generalmente, la aproximación comienza a través de la búsqueda de un babalorixá (o una ialorixá), para la práctica más conocida -la lectura de los búzios donde supuestamente se espera encontrar un conocimiento mayor del mismo sobre las circunstancias que están rodeando la vida de una persona, que ella siente escapar de su control. La necesidad es a veces pragmática -la persona es llevada por un problema que la está desesperando-, que la justifica a buscar la solución de cualquier fuente.
El juego de búzios es la manera de consulta más frecuente que se hace al orixá. Forma parte de las atribuciones litúrgicos-sociales de los babalorixás y ialorixá (según el candomblé más tradicional), sin embargo, las ialorixás hijas de Oxum tendrían derecho divino al juego, más esa restricción cayó en desuso actualmente) como puente establecido entre los humanos y las divinidades. Como mensajero de los orixás, Exú es el "dueño" del juego (por concesión de Ifá, el orixá de la adivinanza), la figura que se convirtió en el oído o mente del padre-santo, lo que dicen los dioses, llevando a ellos las cuestiones y trayendo las respuestas.
El juego más común es constituido por 16 búzios. Los búzios pueden ser encontrados en las playas del Brasil, más los que pueden ser utilizados en el candomblé son importados de Africa. El babalorixá agita los 16 búzios en sus manos y los balancea sobre una mesa (generalmente en el "cuarto del santo", el lugar específico para el culto) cubierta por una toalla blanca. El espacio litúrgico queda circunscripto al centro de la mesa, donde un círculo es formado por collares de distintos orixás.
El búzios puede caer abierto o cerrado, o sea, con su cara donde hay una hendedura (hacia arriba) o con el lado liso (hacia abajo). Cada una de esas caídas, es una manifestación de un diferente orixá, y tiene un significado lingüístico propio ya que conforme al orden resultante, se puede determinar cual de ellos está respondiendo.
La relación es la siguiente:
1 abierto y 15 cerrados: Exu;
2
abiertos y 14 cerrados: Io Ibeji (orixás gemelos);
3
abiertos y 13 cerrados: Ogum;
4
abiertos y 12 cerrados: Xango;
5
abiertos y 11 cerrados: Yemanjá;
6
abiertos y 10 cerrados: Iansa;
7
abiertos y 9 cerrados: Exu;
8
abiertos y 8 cerrados: Oxalá;
9
abiertos y 7 cerrados: Yemanjá;
10
abiertos y 6 cerrados: Xango;
13
abiertos y 3 cerrados: Obetegunda;
14
abiertos y 2 cerrados: Exumare;
15
abiertos y 1 cerrado: Obatalá;
16
abiertos ó 16 cerrados: jugada nula repetirla.
La lista de arriba puede sufrir algunas alteraciones de acuerdo con la fuete consultada, ésta ha sido presentada por Roger Bastide en el libro "El Candomblé de Bahía".
Averiguando las opiniones divinas.
Una práctica usada durante el juego, consiste en agrupar los búzios de a 4. Así, son consultados, reproduciendo el simbolismo de otra forma de consulta, considerada superior, pero de difícil acceso, dirigida por Ifá, hecha con nueces divididas en 4 pedazos. Los resultados de ese procedimiento, según Bastide, pueden ser:
Etawa - si 3
fragmentos quedan con la parte interna para arriba (buzíos abiertos), la
respuesta es "no".
Ejiala Keltu - si 2
fragmentos quedan con la parte interna para arriba y las otras no, la respuesta
es "favorable".
Okanran - si un sólo
fragmento tiene la parte interna vuelta hacia arriba (o sea, mayoría de búzios
cerrados), la respuesta es "favorable".
Oyaku - si todos los
pedazos tienen la parte interna para abajo, (todos cerrados), la respuesta es "desastrosa".
Cuando hay una respuesta negativa, se puede aún repetir tres veces la misma pregunta, a modo de confirmación. Se llega entonces a una especie de inventario de los que está ocurriendo con cada uno, y qué los orixás observan en relación al destino de la persona que los está consultado. Cuando todas las informaciones son absolutamente positivas, el proceso termina ahí.
Como tal hecho es casi imposible, ya que la felicidad plena y autosuficiente no es un bien de consumo de gran oferta en el mercado, entran en cuestión los orixás y lo que ellos pueden hacer para ayudar al interesado a traspasar sus problemas.
El primer paso, en ese momento, es definir exactamente el universo que rodea a esta persona y esclarecer el sentido ambiguo que muchas respuestas del juego pueden presentar. Bastide justifica así esa ambigüedad: "la respuesta del odu (juego) es dada por el conjunto de mitos, de leyendas o de historias a ellos referidas, siendo necesario interpretarlas de acuerdo con el sentido de la pregunta formulada, ahora un error es posible en las interpretaciones; la obligación del adivino es pues, pedir siempre una o dos confirmaciones para estar seguros que no se equivocó. Su responsabilidad (...) está en juego, y ellos son conscientes de los deberes de su cargo. Se comprende, sin embargo, porqué se dice algunas veces que no es suficiente tener buena memoria (...), además otra cualidad, la intuición, se exige de ellas. Esa intuición, ellos la demuestran en la lectura del odu, en el modo que da una conclusión de los mitos, conclusión aplicable al caso particular que tiene que resolver (...). Se puede consultar el babalorixá en cada día de la existencia, o sólo en los períodos de crisis. Cada odu que sale tiene un significado: uno de signa al amenaza de enfermedad, otro la muerte que ronda, el tercero un enemigo, el cuarto una traición, el quinto la pobreza, o por el contrario, felicidad, riqueza, realización de los deseos más caros...
De tal modo que la existencia no pasa de una sucesión de acontecimientos, felices o infelices, al sabor de los días que se arrastran de un año a otro.
En cierta medida, podemos escapar del destino realizando sacrificios recomendados (...). Diríamos, pues, que el constituye el principio de la individualización de esta filosofía afroahiana y la historia del individuo, y son esas historias en justa posición que se entrelazan, que se corresponden, más que permanecen siempre autónomas, que componen la sociedad. Trama en que corren mil hilos, cada hilo teniendo un color diferente".
La búsqueda del equilibrio.
Dentro de ese tipo de interpretación, Bastide sostiene que toda la vida es susceptible de codificación por cada uno de los orixás que se manifiestan en el juego: "Los dioses" se toman así: el principio de clasificación de los acontecimientos: cada uno gobierna un "acontecimiento tipo". El destino dentro de esa concepción, no es una cosa inmutable, fatalidad que se abatirá implacablemente sobre el ser humano.
No siempre, hay situaciones de las cuales no existe escapatoria. Una leyenda dice que Xango, sabiendo de su próxima muerte, con sacrificios y ofrendas consiguió evitarla, más no el accidente que lo lastimó de gravedad. El acontecimiento fue, por lo tanto, apenas atenuado.
Como además, no todos los percances de la vida poseen peso tan dramático, la persona que tiene contacto con el culto de los orixás puede influir la mayor parte de las cuestiones que le son importantes, practicando lo que se recomienda en el juego.
Generalmente, las cuestiones más pragmáticas son resueltas con Exu. Ese acercamiento es lo que aproxima esta controvertida figura de los conceptos tradicionales de fetichismo (equívoco que es mejor explicado en el artículo específico referente a Exu). Su actividad en este campo, ocurre por causa de su posición jerárquica en el mundo explicado por la tradición ioruba. Él es la divinidad que más próxima está de los humanos, no son las contradicciones fuertes que forman su carácter, como en la relación más directa que puede establecer con ellos.
Aquí puede terminar la relación de alguien con los orixás resolviendo su problema con un trabajo para Exu. Este tipo de actividades, sin embargo, no es considerado en general suficiente para una persona, ya que difícilmente los problemas que afligen a alguien, tengan un carácter tan simple. Sería como la persona que teniendo sus neurosis manifestadas en fobia a las alturas superiores a dos metros: dejase de subir, el problema inmediato está resuelto, sin que los desequilibrios internos que lo causan sean curados. Así, el trabajo para Exu no es despreciable (es más, es indispensable, ya que él es el portero del astral africano), sin embargo, insuficiente para la búsqueda considerada más importante: el equilibrio. Para eso, se reconoce en el juego, cual es el orixá director y cuál es el asistente de la persona habitualmente recomendado.
El segundo paso para relación con ellos: la alimentación del orixá.
Cada uno de ellos, posee una o más comidas a la que son ligados en los rituales. El interesado, entonces, prepara la comida de sus santos, separadamente, en el día consagrado a cada uno de ellos, con la supervisión del babalorixá. El significado simbólico es bastante claro: alimentar alguien es darle las condiciones mínimas de sobrevivencia, es índice de cuidado y cariño para quien está siendo alimentado.
Para un ser humano, la alimentación es la que da fuerzas: así, cada hombre o mujer, al hacer la comida de su santo, está dándole ritualmente, fuerzas para que ellos se desempeñen está reforzando a su propio orixá, su esencia única e intransferible.
Pelear con las fuerzas naturales.
Una vez hecha, la comida descansa por tiempos variados en el altar del ministerio, hasta el día de la "entrega". La persona entonces, acompañada de los padres-santos, va hasta un lugar de la naturaleza, lo menos violado por la mano del hombre (cosa difícil en las grandes ciudades, siendo frecuente ir al interior, para eso) y que tenga poco movimiento, para que la intimidad de un momento tan decisivo sea respetada. El caso de Ansa, por ejemplo, el lugar debe ser descampado y siempre marcado por los vientos. En el caso de Xangó, una cantera; en el caso de Oxum, un río o cascada. Ahí tiene lugar el ritual: algunas palabras del padre-santo y el hijo-de-santo ofrece el plato al elemento/divinidad, pudiendo en ese momento, perder parte de su conciencia, quedar atontado, etc.
Es la hora del contacto entre el ser humano y su orixá, que simbólicamente vive en el elemento, es el mismo elemento. Esa fuerte identificación provoca una sobrecarga del aura de la persona, donde las fuerzas básicas que la constituyen son revitalizadas y se manifiestan de manera más pura. Por eso, el contacto con cada fuerza/orixá es diferente, en función de la propia diferencia que los caracteriza. Esa entrega de ofrenda esa manera simbólica el "Punto de partida", del inicio de la vida de cada uno, del lugar de donde espiritualmente surgió, ya sea en el campo, en el árbol, en el agua, la piedra. Es un momento en que cada uno se identifica con la naturaleza y después vuelve a su vida urbana normal, trayendo en sí esa energía, esa fuerza que queda dentro del inconsciente, después se manifiesta sutilmente en cada actitud de la persona.
Los complejos rituales de la iniciación.
Esas comidas deben ser renovadas cada semestre, dependiendo del caso. La persona que las ofrece regularmente, tiene, por consiguiente, la fuerza de sus propios orixás, más despierta dentro de sí, y esa atención garantizará (en tiempos) el equilibrio de tales fuerzas y un mayor control de sí misma y el mundo que la rodea.
En ese estado, no se produce todavía la iniciación. Se puede decir que esa persona es una "simpatizante", alguien que "cuida de su santo", pero aún no participa efectivamente del culto del candomblé.
Un individuo puede restringir su actividad a ese punto para toda la vida. Según los ritos, no hay nada de negativo en eso, más el orixá puede, eventualmente reclamar la iniciación de su hijo. Ese reclamo se daría usualmente, a través de barlovento, o sea una crisis de posesión no controlada, que puede ocurrir tanto cuando se está en el ministerio, contagiado por el sonido de los atabales y por el clima de la ceremonia, como también por la fuerte identificación que se establece con el propio santo/elemento, al alimentarlo, entregándole la comida en su hábitat.
En ese caso, comienza la iniciación propiamente dicha -en el mismo momento en que se encontró el hijo-de-santo y el babalorixá, dependiendo de las condiciones del primero. Las dificultades son tanto de orden económico (es un proceso relativamente caro) como prácticas: el plazo medio de recogimiento del aspirante, es de tres meses, cuando queda confinado al ministerio, entre ceremonias y rituales. En caso de aplazamiento por alguna dificultad, se hace un "trabajo" provisorio permite al hijo-de-santo esperar durante cierto tiempo su iniciación.
Al describir el proceso, Pierre Verger, critica el término "iniciación", ya que a los que son sometidos al ceremonial "no les son revelados secretos. Les hacen adoptar un comportamiento atribuido a su diosa. La iniciación no se hace en el plano del conocimiento intelectual, consciente y aprendido, sí en el nivel más oculto derivado de la herencia adormecida del inconsciente. Todos los seres humanos poseen, en potencia muchas tendencias y facultades que quedan en estado de vigilia. Las experiencias vividas por un individuo, el ejemplo de los más viejos, los principio inculcados por la educación, las censuras del medio social hacen que sólo algunas de esas tendencias y facultades puedan expandirse, resultando de ahí el origen de una personalidad aparente, diferente de aquella que él podía haber tenido si hubiese estado en un medio donde los valores morales y los principios admitidos hubiesen sido diferentes. La iniciación consiste en suscitar -o mejor en resucitar- en el principiante, en cierta circunstancia, aspectos de esa personalidad escondida, aquellas correspondientes a las personalidades del ancestro divinizado presente en él, en estado latente (...) inhibidos y alienados por las circunstancias de la existencia llevada por ellos hasta esa fecha. A menos que se trate de un arquetipo de comportamiento, reprimido hasta entonces, que pueda expresarse en un trance de liberación.
Con ese objetivo, el principiante es recogido y separado por completo del mundo exterior. Durante buena parte de ese proceso, no ésta consciente, siendo perturbado por soluciones producidas por plantas litúrgicas. Verger agrega: "en ese estado de vacío y disponibilidad, la identidad y el comportamiento del orixá, pueden instalarse libremente, sin obstáculos y tornarse familiar.
Más tarde (...) después de la iniciación, la persona reencontrar a su antigua personalidad y recordará en estado normal, todo lo que le pasó durante el período de iniciación, continuando aún sensibilizada por su inconsciente, a los ritmos de los atabales particulares a su orixá. Este actuará como el estímulo de un reflejo condicionado y tenderá a hacerla caer en trance, sucumbiendo al remedio de su dios. En otros términos, tales remedios incitan a exteriorizar un arquetipo de comportamiento, conforme a sus aspiraciones reprimidas".
El reencuentro con la Creación
El aspirante recibe el nombre Iao cuando queda entorpecido. Su cabeza es rapada, su ori (alma orgánica perecedera, colocada en la cabeza) es marcado (en su cabeza son pintados símbolos referentes a sus orixás) y participa inconsciente de las danzas y ceremonias específicas. Durante ese período, la persona es llevada por el régimen de bebidas controladas, del estado de inconsciencia, del aio al estado de ere, donde un yo infante surge, permitiendo la alimentación y las otras actividades fisiológicas básicas; luego ella vuelve a caer en el trance profundo de antes.
Durante ese período, el iniciado forma parte de un grupo en las mismas condiciones, que recibe el nombre de barco, en una clara alusión simbólica al proceso de travesía implícito. En África, el barco es constituido de hijos del mismo orixá, mientras que, en Brasil, ellos se comportan como hijos-de-santos diferentes, siendo esa diversidad imprescindible para la mayoría de los cultos. Diversas con las frases de iniciación, mejor detalladas en las obras ya citadas de Pierre Verger y Roger Bastide, que indicamos para quien se interese por los detalles más profundos que envuelven tanto el proceso como su significación filosófica.
Todo llega al extremo, en una ceremonia en que cada iniciado revela, (cuando, es convocado para eso), su nuevo nombre en el cambomblé. De ahí en adelante comienza la nueva fase, el panam, cuando los iniciados, nuevamente en estado de eres, comienzan las actividades de lo cotidiano, reproduciendo trabajos en actitudes de la vida normal, teniendo como referencia el modo de vida de las tribus africanas. Después de eso, el iniciado vuelve totalmente a su conciencia, retomando su vida normal. Como iniciado, el individuo tiene una serie de reglas que cumplir, dentro del ceremonial adecuado: pasa a frecuentar con regularidad lo ministerio, desempeñando en él, funciones que le son atribuidas dentro de la estructura jerárquica compleja que la forma. No se acuerda de lo que le sucedió durante el período de inconsciencia, pero trae ahora incorporado (o más fortalecido) dentro de su propio ego, la con figuración psicológica de sus orixás. Debe la persona, a partir de entonces, poseer una personalidad más integrada, ya que estaría reanudado el lazo roto en el nacimiento entre ella y el cosmos, ella es ahora más dueña de las fuerzas que la consumen internamente, dueña de un "orixá interior" más de su envuelto, fuerte y controlado.
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